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Archivos anuales: 2021

Se quedan sin luz durante 15 horas y descubren por sí mismos la energía a vapor, la radio y la Ilustración

Tras volver a la Edad Media por culpa de un incendio que les dejó sin luz unas horas, una pareja del barrio de Sant Antoni, en Barcelona, ha descubierto por sí misma la energía a vapor, la radio, la ilustración y la revolución industrial. “Los años oscuros [las primeras cinco horas de apagón] fueron muy duros, pero luego entramos en una fase de crecimiento intelectual y, de hecho, mi marido pintó un fresco precioso en el techo del baño, símbolo de un auténtico renacimiento cultural que tuvimos entre las siete de la tarde y las nueve de la noche”, dice Nuria Gispert en referencia a las primeras horas que estuvieron sin luz.

Según han explicado, los primeros minutos tras el apagón se comportaron como animales: temían por su supervivencia y se distraían contando historias orales alrededor de la luz de las velas. “Llegamos a pelearnos como bestias por la última cerveza fría de la nevera”, explica Gispert. 

“Cuando tuvimos hambre, nos comimos un filete crudo porque se estaba descongelando, pero luego descubrimos el fuego y, a nivel de civilización, avanzamos muchísimo, hasta el punto de que eso nos llevo a la energía a vapor”, explica Nuria. Y señala que esos descubrimientos dieron lugar a una auténtica “época de las luces” que les permitió desarrollar por sí mismos los valores vinculados a la Ilustración.

“Tras atravesar esa etapa de oscuridad en la que estuvimos discutiendo todo el rato para ver quién llamaba a Endesa, entendimos que los hombres somos todos iguales y que teníamos que encontrar modos de gobierno no basados en la fuerza bruta”, explica la mujer. No fue hasta media tarde, cuando se quedaron sin batería en el móvil, que se vieron obligados a buscar modos de comunicación alternativos y descubrieron que era posible enviar y recibir información en forma de ondas electromagnéticas. Inventaron entonces la radio.

“Estamos progresando muchísimo a nivel de entretenimiento y ahora mismo usamos la luz de las velas para hacer espectáculos de sombras lo que, en algún momento u otro, nos permitirá descubrir el cinematógrafo y, con suerte, poder rodar nuestro propio Avengers Endgame para la hora de la cena”, explica Nuria con esperanza. 

Según ha podido saber la prensa, la compañía eléctrica espera poder restablecer el servicio de aquí a 45 minutos, momento en el que Gispert y su pareja podrán encender los ordenadores, recuperar todas las horas que deben a sus empresas y descubrir el capitalismo.

Horóscopo de la semana: Leo, tú no te quedaste en casa por civismo, te quedaste porque nadie te invitó a salir

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Asturias se plantea liberar la patente del cachopo

El presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, ha planteado esta semana el debate sobre la liberación de la patente del cachopo, es decir, la exención de la protección de la propiedad intelectual de la receta, lo que abarataría sus costes y facilitaría su distribución.

Según Barbón, la liberación de la patente del cachopo está acorde con las reglas de la Organización Mundial del Comercio, que prevén el levantamiento de la protección de la propiedad intelectual en situaciones extraordinarias. «No es momento de privar a la humanidad de este manjar», argumenta.

Pero no todos están de acuerdo. La portavoz popular del gobierno asturiano, Teresa Mallada, considera que «la protección de la propiedad intelectual es una fuente de innovación y debe seguir siéndolo en el futuro». Teme que liberar la patente acabe convirtiendo el cachopo en «un producto comercial devaluado y distribuido por todo el mundo sin un mínimo de calidad, como ha ocurrido con la pizza».

Barbón reconoce que el debate es «complejo» y que «el mayor problema hoy para el acceso al cachopo son los límites materiales de capacidad de producción». Propone una versión simplificada y de bajo coste que pueda servirse en los países que más lo necesitan, aunque Mallada considera que «estaríamos hablando entonces de un simple escalope a la milanesa».

El Principado propone ahora trasladar el debate al Congreso de los Diputados y poner en marcha una comisión de expertos. «Es una decisión demasiado importante como para tomarla de forma unilateral, el tema del cachopo hay que compartirlo entre todos porque es de mucha envergadura», insiste el presidente, que está dispuesto a «poner el asunto encima de la mesa para que lo abordemos en conjunto sin que se nos atragante».

Los asiáticos reconocen que comen con palillos porque tienen todos los cubiertos para lavar

Han sido muchos años manteniendo la farsa pero, finalmente, los asiáticos han reconocido que comen con palillos porque tienen todos los cubiertos para lavar. “Nosotros siempre hemos usado tenedor y cuchillo”, se sinceran. “Lo que pasa es que empezamos a acumularlos en el fregadero, la montaña se fue haciendo más grande y con ella la pereza de ponerse a fregarlos”, añaden.

Los asiáticos tuvieron que recurrir a comer con unos incómodos palillos en el año 1953. “Al principio resultaba muy difícil, pero con el tiempo fuimos perfeccionando su uso”, reconocen. “Comer arroz con dos palillos parecía imposible, pero es que la cantidad de cubiertos que teníamos para lavar era absolutamente abrumadora”, declaran. “Al final, coger la comida con dos palillos resultó más cómodo que fregar todo aquello”, razonan.

La explicación de los asiáticos ha cogido por sorpresa al resto de culturas del mundo, pero todos han entendido perfectamente la situación. La pila de platos es tan descomunal que, junto a la Muralla China, es la única construcción humana que se puede apreciar desde el espacio. “Muchos tramos de la muralla están hechos con cubiertos y vajillas”, informan los asiáticos visiblemente avergonzados.

Ni siquiera la irrupción del lavavajillas ha servido a los habitantes de este continente para poner fin a esta situación. “Hemos acumulado tantos cubiertos que la pereza de meterlos en el lavavajillas ya es superior a la de ponerse a lavarlos”, expresan.

La situación en Asia empieza a desmadrarse, pues en la India ya han ensuciado todos los palillos y han tenido que empezar a comer con las manos.

La importancia del etiquetado en los alimentos: si lees estas palabras en el paquete, ten cuidado

El etiquetado de los productos que consumimos puede darnos pistas para evitar riesgos a nuestra salud y tomar buenas decisiones en nuestra alimentación. Si ves estas palabras en el envase, ten mucho cuidado:

¡Ojo!

¡Nooooo!

¡Cuidado con esto!

Peligro.

Veneno.

Cthulhu hafh’drn ep s’uhn chlirgh.

[Escrito a mano en un post-it] ¡¡Tirar a la basura!!

Jaja, sí, comida.

Contiene trazas de la polla de tu abuelo.

Merluza (creo).

¿¿¡¡Qué haces!!?? Esto no es de comer, esto es una tuerca. Ni siquiera es un paquete de comida ni nada, es una tuerca. Una tuerca. No te comas eso. Pero qué cojones haces.

Hola, soy Juan Roig, el dueño de la cadena de supermercados en la que estás, y te juro por mi madre me he metido este producto por el culo.

¡Ahora, con más líquido raro del sarcófago aquel de Internet!

Lejía Conejo.

Varios vecinos empiezan a insultar desde la calle a la gente que sigue encerrada en casa

Los llamados «balconazis», ciudadanos que insultaban desde sus balcones a quienes salían a la calle en pleno confinamiento, han retomado el hábito de amenazar a sus vecinos pero, esta vez, fijándose en aquellos que, sin respetar el fin del toque de queda, siguen quedándose en su casa en vez de aprovechar para salir.

«Me insultaban cuando salía a pasear al perro hace unos meses y ahora me insultan cuando no salgo a pasear al perro, con ellos no se puede ganar», se queja Elena Bravo, vecina de Sabadell. Su amigo Jordi Muñoz asegura que le tiraron piedras cuando salió al balcón ayer por la noche a regar los geranios. «Antes lo tenían más fácil porque apuntaban desde arriba pero ahora les cuesta acertar, afortunadamente», comenta.

Los vecinos indignados defienden su comportamiento apelando a la falta de solidaridad de los que no salen. «La pandemia nos ha demostrado que tenemos que estar juntos en esto y respetar todos las normas. Si quitan el toque de queda hay que salir, es injusto que salgamos los mismos de siempre, exponiéndonos, mientras otros caraduras pasan de todo y deciden que se quedan en casita, tan tranquilos», argumenta un vecino de Madrid que este fin de semana ha estado de botellón «y ni siquiera me gusta beber, así que imagínate».

De momento, el Gobierno no planea multar a los que se saltan el fin del toque de queda y ha dejado la controvertida decisión en manos de cada comunidad.

El madridismo, indignado por el hecho de que ahora haya cierta justicia arbitral

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Fernando Simón empezará a informar de la curva de comas etílicos

Tras el fin del estado de alarma y por tanto de muchas restricciones, muchos españoles han salido a la calle este fin de semana para reencontrarse con el alcohol, lo que ha provocado muchos ingresos hospitalarios de personas aquejadas de “fatiga, mareos raros y sensación de somnolencia”.

“No hay que alarmarse, es como una gripe”, ha tranquilizado Fernando Simón, aconsejando a los casos más graves “hacer cuarentena” en la cama. Pese a que algunas voces críticas empiezan a hablar ya de “pandemia de juergas”, el epidemiólogo ha dicho que los casos de embriaguez serán “dos o tres como mucho”.

“Al menos el hecho de que no haya turistas británicos debería ayudarnos a contener esta nueva ola”, ha dicho Simón.

“Blueeerghhhhh”, ha añadido, vomitando en plena comparecencia y con problemas para hablar.

“Perdonen, es que me he bebido una botella de licor de almendra justo antes de salir”, ha aclarado.

El Gobierno calcula que, con el fin del estado de alarma, unos 10.000 españoles saldrán de los iglús de reciclaje donde se escondieron hace un año

Con el fin del estado de alarma decretado en octubre para controlar la pandemia, los miles de españoles que decidieron refugiarse en iglús de reciclaje de vidrio hace ya más de un año hasta que todo pasara empezarán a salir de su escondrijo, según previsiones del Ejecutivo. “Los datos mejoran y la protección que ofrecían estos contenedores ya no es necesaria”, confirman los expertos.

Según datos de Ecovidrio, más de diez mil españoles decidieron acomodarse en alguno de los 235.259 iglús de reciclaje repartidos por todo el país. Algunos de ellos se atreverán a salir de nuevo para recuperar parte de la normalidad, pero otros se han acostumbrado ya al calor de esos contenedores. “Buena bebida, buena ubicación, hablas con gente nueva desde el agujero… nunca había socializado tanto y además me ahorro la mascarilla”, comenta desde el interior de un inglú madrileño uno de los miles de ciudadanos escondidos.

“Me vacunaron la semana pasada pidiéndome que sacara el brazo por el agujero del iglú. Me siento más seguro, pero es que este iglú es más espacioso que mi apartamento, y me ahorro el alquiler. No sé, tengo dudas, ya veré si salgo”, declara otro “esquimal”, como se hacen llamar estos ciudadanos. Añade que “reciclar vidrio nunca había sido tan fácil, no tengo que hacer nada”.

Muchos españoles conscientes de esta situación dejaban restos de comida y bebida en algunos envases, sabiendo que los habitantes del iglú lo agradecerían. A partir de ahora, con el fin del estado de alarma, ya no será necesario si, efectivamente, toda esta gente recupera sus viviendas anteriores. 

Cómo convertirse en un experto en vinos y aprender a disfrutarlos y a valorarlos, paso a paso

Degustar un buen vino es uno de los grandes placeres de la vida pero, al contrario de lo que se podría pensar, no es una tarea costosa ni elitista, sino algo que puede estar al alcance de cualquiera:

  1. Cuidado a la hora de elegir. Maridar el vino es sencillo pero tiene una norma básica: el vino blanco solo se bebe con la comida de color blanco (por ejemplo, pechuga de pavo hervida) y el vino tinto va bien con la comida de color negro (por ejemplo, carbón). Con todas las demás comidas, lo que procede es el yogur líquido.
  2. Pide un vino bueno tipo “Un Rioja Valdepeñas” o un “Mariano Rajoy” o un “Vino”. Para demostrar que sabes de lo que hablas, da un puñetazo en la mesa cuando digas el nombre de tu vino. Así: pam, pam.
  3. Vale, uf, viene el camarero con la botella que has pedido… Obsérvala detenidamente y comprueba que en la etiqueta no aparezca una calavera con dos huesos, lo que significará que el vino está un poco agrio.
  4. ¡¡Pops!! ¿Has oído eso? Es el ruido que debe hacer la botella al descorcharse.
  5. ¡¡Ratatatata!! Vale, eso ha sido la ametralladora de un terrorista matando a todos los que están en el restaurante. Tú a lo tuyo: el vinito.
  6. Observa el color del caldo en la copa. ¿Cómo? ¿Que no está en una copa? ¿Han puesto el vino en un vaso? ¡Pero qué clase de establecimiento es este! ¡Que venga el encargado! Uf, bueno, no pasa nada. Un vaso, en fin… Qué asco. Probablemente estás en un sitio modernete donde las patatas se llaman “nuestra patatitas” o cosas así. En fin, no pasa nada. Paciencia. Ojo, que te quedarás con hambre.
  7. Vale, a lo nuestro: bébete el vino. Qué bien… pues ya estaría. Ya has hecho todo lo necesario para aprender a degustar vinos. ¡Enhorabue…! Un momento.
  8. Oh, qué incómodo: el camarero te está mirando. Te está mirando mucho. ¡Está esperando que digas algo!
  9. Rápido, dile algo, lo que sea… Haz un gesto afirmativo con la cabeza o algo así. O haz gárgaras.
  10. Oh, mierda, está esperando que le digas realmente algo. Excúsate un momento y dile que vas al baño. 
  11. Apúntate a la carrera de Filología Hispánica y aprende léxico.
  12. Vuelve a los cuatro años, ya con la carrera acabada y un poemario titulado Espiral de otoño publicado en la editorial “Visor de poesía” y que recogió críticas entusiastas en la web “poeteando.com”. Ahora, con todo ese bagaje verbal, sujeta la copa de vino y usando tu mejor retórica di “está buenísimo esto, ¿eh? De puta madre joder. ¡A esto llamo yo un buen vino, sí señor!”.
  13. Coge la botella de vino, ya vacía, y aplástala con la frente. Eso es un gesto no verbal que hace entender al camarero que quieres pedir otra. 

Un señor que lleva toda la vida metiéndose el dedo hasta el fondo de la nariz para sacarse los mocos dice ahora que la PCR «le da cosa»

«Uy, no, que me metan un palo tan adentro me da mucha cosa, prefiero confinarme y no ir a ningún sitio». Con estas palabras admitía esta semana Agustín Cagarral Garnacha, de Toledo, su miedo a las pruebas de detección del coronavirus. Cagarral lleva más de 40 años manteniendo el hábito de sacarse mocos de la nariz introduciendo en ella el dedo meñique, cuya uña deja crecer siempre un poco más para acceder con ella a los rincones más profundos de sus fosas nasales.

La familia de este hombre no entiende tantas reticencias y cree que sus conductos nasales «están ya más trillados que los túneles del metro», por lo que «no iba a notar nada, ya le metieran una escoba por ahí».

«No es lo mismo, no es igual porque el palo este te llega hasta el cerebro, por detrás de los ojos, no se puede comparar», argumenta Cagarral sin ser consciente de que él también transita esa zona habitualmente y que no es raro que frote directamente partes de su propio cerebro mientras espera que el semáforo se ponga en verde.

Concede este toledano que «el test anal es aún peor, suerte que aquí no ha llegado», sin mencionar que lleva años disfrutando también de esta parte de su anatomía.

“No hay que escandalizarse, este es el mismo calor que ha hecho toda la vida”, dice una mosca del vinagre que nació hace 12 horas

Rechazando el alarmismo adoptado por los ecologistas, una mosca del vinagre llamada Zorg ha expresado hace unos minutos su sorpresa por el tono apocalíptico...

Feijóo niega conocer a Pedro Sánchez tras filtrarse una foto suya con él

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