Un hombre tarda cincuenta años en dejar a su novia
Fermín González, alicantino de setenta y dos años, le dijo ayer a Martina Manrique, su esposa de toda la vida, que quería “dejarlo”. Fermín llegó a confesarle a Martina que hacía tiempo, concretamente cincuenta años, que quería decírselo pero que no había visto el momento, de tan ilusionada que la veía. “Que si ahora te llamo, que si ahora te presento a mis padres, que si ahora tenemos hijos, que si ahora nietos… Y vas cediendo porque te lo pasas bien con ella y te sabe mal. Ahora quiere comprar dos nichos para que estemos juntos hasta después de muertos. No lo sé, veo que esta chica me agobia un poco”, confiesa Fermín. Sigue leyendo…
Una discográfica de esas que salieron allá por los ochenta publicará próximamente el disco de un joven rubio con una cresta engominada en la cabeza y cierto sentido del espectáculo. “No tiene cultura pero sabe mirar a las chicas. Con un poco de suerte ellas le harán caso el tiempo suficiente para que sea rentable y luego probablemente montará un negocio de estampación de camisetas que funcionará a medio gas hasta que decida dejar de ser emprendedor y volver a trabajar para terceros en el sector servicios” apunta su manager enganchado, como todos, a la cocaína.

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