Despertarse, abrir los ojos y recordar que se está vivo, y que hay que seguir yendo a trabajar mientras hay un genocidio en marcha y el planeta colapsa, es suficiente para que muchas personas pasen el día de Halloween completamente aterrorizadas. “El 31 de octubre me gusta leer la prensa con un poco más de atención para sufrir una experiencia de horror cósmico de primera categoría sin necesidad de ver películas”, explica Isabel Groñín, de Barcelona, que ya ha tenido tres sustos esta mañana antes del primer café y sin pasar de la sección de Internacional de su diario de cabecera.
“Ah, uf… Oh. No puedo, no puedo. Apaga, apaga. No puedo más. Es horrible, horrible”, han dicho muchos valientes que se han atrevido incluso a sintonizar la radio, algo que no volverán a hacer hasta el año que viene. Muchos tendrán pesadillas esta noche al recordar que, por ejemplo, la Antártida pierde más de 150.000 millones de toneladas de hielo al año o que los incendios forestales en verano son ya completamente normales.
“Vale, vale, voy a buscar fotografías de la Gran Isla de Basura del Pacífico… ¿Estáis preparados? Vooooy”, anunciaba con pompa Daniel Guzmán, oficinista madrileño de 43 años, que se pasará el día asustando a sus compañeros simplemente enseñándoles fotografías reales sin ningún componente paranormal. Los más cobardes pasarán la jornada viendo películas de terror como The Ring, Host o Insidious en vez de las noticias de Antena 3.
En algunos países con mayor tradición de esta festividad están ampliando su temporada spooky a todo el año, como en Estados Unidos, donde Donald Trump es presidente.
Un año más, el disfraz más popular de este Halloween es el de persona que finge no estar aterrorizada todo el tiempo y ser un adulto funcional.