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ESPECIAL AMPUTACIONES

Se arranca una oreja para ver cuánto tarda la ambulancia

Alfredo Hordás decidió arrancarse ayer una oreja con el fin de provocar una situación de urgencia y comprobar cuánto tardaba la ambulancia en acudir a su domicilio para auxiliarle. “Primero pensé en hacer saltar todos mis dientes de un puñetazo, lo que pasa es que caí en la cuenta de que no podría llamar a la ambulancia porque no hablaría con claridad”. Según Hordás, no hizo falta esperar más de veinte minutos para recibir la visita de los médicos pese a que, al llamar, la operadora insistió en que, sin la oreja, podía desplazarse por su propio pie al hospital. “Son la hostia. La ley del mínimo esfuerzo. Pero bueno, les das caña y responden”, admite Hordás. Sigue leyendo…

FINGIÓ INCLUSO QUE RONCABA

Se hace el dormido para no ceder su asiento en el metro

La línea 3 del metro de Barcelona quedó paralizada ayer por la tarde después de que un pasajero se hiciese el dormido para no tener que levantarse. En cuanto Adelaida González, de 70 años, subió a uno de los vagones, Felipe Sanjuan, de 25, cerró los ojos e incluso simuló roncar obligando a la anciana a permanecer de pie durante dos paradas. Los demás pasajeros se percataron enseguida de la estrategia del joven y empezaron a meterle palillos en las orejas para escarmentarle. Sigue leyendo…

DICE QUE ESTABA HACIENDO UN CONTROL DE CALIDAD

Pide una ambulancia sólo para cronometrarla

Andrés Monegal dedicó la tarde de ayer a pedir ambulancias por teléfono con el único objetivo de cronometrarlas y comprobar cuál de ellas era la más rápida. “Cuando llegamos a su domicilio vimos que nos recibía tan campante con un cronómetro en la mano, felicitándonos por haber llegado en seis minutos y cuarenta segundos”, explica el conductor de una de las ambulancias. Monegal argumenta que lo hizo para “someter a las empresas de ambulancias a un control de calidad”.

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