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Se hace el dormido para no ceder su asiento en el metro

FINGIÓ INCLUSO QUE RONCABA

Felipe acabó en un estado lamentable.
«Por supuesto que no estaba dormido de verdad», dice una mujer que iba sentada al lado de Felipe. «Había estado toqueteando el móvil todo el rato. Nada más subir esa buena mujer dejó caer la cabeza como si fuera un muñeco de trapo. Al final me levanté yo para dejar sentar a la señora y el tipo tuvo el cuajo de estirarse sobre mi asiento».

El hecho de que Felipe Sanjuan ocupara dos asientos mientras simulaba su somnolencia fue lo que empujó al resto de los pasajeros a comprobar el aguante del joven haciéndole cosquillas en los orificios nasales y dándole golpecitos en la espalda. Al final, un grupo de ejecutivos se animó a afeitarle las cejas, a pintarle la cara con un rotulador y a quitarle incluso los pantalones mientras todos decían ‘¡Ssht! ¡Ssht!’ y reían en silencio. Luego volvieron a ponérselos del revés y se hicieron fotos con él. Alguien intentó quitarle el móvil y Felipe siguió agarrándolo con fuerza, dejando claro que en realidad estaba despierto.

«Creo que se le fue de las manos», explica un testimonio. «Él se hizo el dormido sin pensar en las consecuencias y poco a poco la situación se fue complicando. ¿Al final qué podía hacer? Hay que entender su postura también. Es como cuando le dices a tu mujer que eres banquero y a lo mejor eres lampista. Llega un momento en el que para salir adelante ya no puedes decir la verdad. No digo que sea mi caso porque yo soy banquero. Llevo un maletín lleno de llaves inglesas por si alguien atraca el banco, para poder defenderlo».

Finalmente, fue la misma Adelaida la que tiró de la palanca de emergencia para detener el convoy. Varias personas llamaron a una ambulancia y acabó presentándose también la Policía. Una vez los pasajeros aclararon el motivo de las llamadas, los enfermeros insistieron en operar de fimosis a Felipe y uno de los policías se empeñó en marcar con tiza el contorno del cuerpo del joven. «Y que le hagan la autopsia, a ver si cede el asiento la próxima vez», propuso el agente.

Cuando ya nadie sabía qué más hacer con Felipe, el cuerpo del muchacho fue arrojado entre varios al andén. Algunos testigos afirman que, cuando el tren arrancó de nuevo, Felipe se puso en pie y salió a la calle andando tranquilamente. Una vez fuera, y viendo que se acercaba una voluntaria de Greenpeace, fingió que hablaba por teléfono para evitar ser interpelado.