«Es que hay gente que se pasa aquí la tarde entera esnifando y no consume». Con estas palabras justificaba esta mañana Jorge González Aparicio, dueño del bar Milasaña, situado en el barrio de Malasaña de Madrid, su decisión de colocar en las mesas un cartel con la advertencia «No hay cocaína, hablen entre ustedes». El hostelero considera que la necesidad de estar siempre hiperestimulados hace que sus clientes no disfruten de una conversación relajada, apreciando los matices del exquisito café del bar o la textura de la lasaña, especialidad de la casa.
Fotografías de los nuevos carteles se han difundido estos días en las redes sociales hasta hacerse virales. «Sé que vamos a la contra y que muchos preferirán visitar otros bares con la cocaína de siempre, pero encontraremos a nuestro público. Tal vez no serán publicistas ni gente de la tele ni músicos indies, pero los que se queden lo harán sin aspavientos, con actitud relajada, viviendo el momento», comenta González. «Sin coca, viviendo el momento» es, de hecho, la expresión con la que algunos clientes de Milasaña presumen en Instagram de «otra manera de vivir el ocio, sin esa ansiedad permanente y esa necesidad de estar todo el rato haciendo y diciendo cosas, llamando la atención, estando en el centro».
Desde que no hay cocaína en el local, ha habido algunos incidentes: el pasado lunes, el dueño tuvo que expulsar a un cliente al que sorprendió consumiendo cocaína de otro bar. «Esto ya es el colmo, se traen la cocaína de fuera. Una falta de respeto a nuestro trabajo», se queja González.
Como suele ocurrir en estos tiempos de gentrificación acelerada, cadenas multinacionales como Starbucks o Burger King no han tardado en inspirarse en este pequeño local de Madrid para ofrecer también espacios libres de cocaína en sus establecimientos. «Las mamadas en los baños no se atreverán a quitarlas, pero nosotros llevamos sin mamadas desde 2020, justo después de la pandemia», presumen en Milasaña.



















