Los españoles más previsores que se hicieron la semana pasada con los kits de emergencia que recomienda la Comisión Europea han sido también los primeros en comerse todas las provisiones en apenas dos días. Algunos decidieron que el eclipse parcial de ayer se podía considerar una emergencia y otros se agarraron al cambio de hora. «De repente, a las dos eran las tres. Por suerte, estábamos preparados: nos atrincheramos en casa y pasamos el día entero en el sofá comiendo las patatas fritas sabor jamón del kit de emergencia», admiten estos ciudadanos, que tendrán que hacer la compra de nuevo para rellenar sus mochilas otra vez.
«Mi padre se puso a ver la tele, se asustó con lo del penalti del Madrid y se ventiló una lata entera de fabada, lo que derivó en varios eventos catastróficos posteriores. El resto de la familia tuvo que esconderse en el trastero y sobrevivir con lo que había en sus mochilas», explica un joven de Soria, aún afectado por lo ocurrido.
Algunas familias han optado por ponerle ruedas al frigorífico y considerarlo su kit de emergencia familiar porque las mochilas se les quedaban cortas. «Tener hambre después de la siesta es una situación de emergencia y está más que justificado acudir a la nevera de supervivencia para ver si hay heladitos de esos de chocolate o natillas para recuperarse y resistir unas horas más», argumentan los más concienciados.
«Europa tiene razón: debemos fomentar una cultura de la seguridad que nos garantice el poder picar entre horas y tener siempre a mano suministros básicos para sobrevivir, ya sean patatillas, cerveza o refrescos, por si viene gente a casa o simplemente por si a uno le entra hambre de repente», insiste la población.
Las directrices comunitarias han calado enseguida entre los españoles, que ya hablan de «vermú de supervivencia» o incluso de «barbacoa de emergencia con los amigos».



















