Emilio Tejera, de 50 años, ha alcanzado esta semana un hito histórico y asombroso al trasplantar con éxito un hígado de cerdo salteado con ajetes a su propio estómago «entre pecho y espalda». Sus familiares aseguran que, unos minutos después de la operación, Tejera se sintió indispuesto. «Empezó a sufrir numerosas ventosidades y después se quedó dormido en el sofá», explican. «Eso sí, dos horas y media después estaba como nuevo y comiendo: su organismo lo había aceptado», matizan.
«Funcionó muy bien en el cuerpo humano», declara la médica Beatriz Domínguez-Gil, directora general de la exitosa Organización Nacional de Trasplantes española. «Es una prueba de concepto de que esto podría funcionar en un escenario clínico particular», explica. «Que los ajetes salteados se hayan adaptado tan bien a su cuerpo es un gran motivo para la esperanza», concluye.
El siguiente paso de Emilio será trasplantarse una pata entera de cerdo y tres chorizos criollos, también al estómago. «Los xenotrasplantes (trasplantes de órganos de animales a personas) son necesarios en cualquier país del mundo, pero en unos países más que en otros», explica Tejera, que quiere ir más allá y también estudia la posibilidad de trasplantarse patatas fritas y alioli al estómago.
Para celebrar este gran hito, el hombre ha decidido organizar una cena en un restaurante con todos sus familiares y amigos en la que todos se trasplantarán un enorme lechón asado macerado al vinagre de manzana y varios litros de vino. «Saldremos todos de allí con una esperanza de vida de al menos cinco años más», asegura.










De lo mejor que he leído…
! Qué grande !
Vale ya de exaltar la ingesta de grasas e hidratos khoder