Después de anunciar el pasado enero que cerraba el restaurante El Bulli para dedicarse a la creación gastronómica, Ferran Adrià ha vuelto a dirigirse a los medios para compartir los primeros frutos que está dando este periodo de introspección creativa. “Mis próximos pasos como profesional irán encaminados hacia un nuevo concepto de cocina basado en la idea de un restaurante con comida a la carta. Hasta ahora, yo era la estrella y el cliente no tenía poder de decisión, más allá de escoger el pago en efectivo o en tarjeta. Esto tiene que cambiar”, reconoce Adrià.

El aclamado cocinero confiesa que, “inspirado por el pensamiento racionalista del XVII, el influjo de la literatura barroca y el concepto participativo de Internet 2.0”, pensó en la posibilidad de ofrecer a los comensales “un cuaderno o un listado, esto lo tengo que concretar, donde se ofrezcan varios platos distintos a elegir según las apetencias del cliente”. Esto permitiría “orientar el ágape hacia la carne o el pescado, por ejemplo, sin que tenga que ser yo quien lo decida”. Dicho cuaderno se denominaría “la carta” en homenaje al término francés “carte”, que significa “carta”.

“Es una idea arriesgada. La gente va al restaurante precisamente para dejarse llevar, no para tener que preocuparse de qué va a comer”, explica el cocinero vasco Martín Berasategui. Pese a los recelos de sus colegas de profesión, Adrià asegura que “las nuevas ideas siempre asustan al principio y soy consciente de que estoy proponiendo un giro copernicano en la gastronomía, dando voz al cliente que no es un experto. Pero creo que escuchar el criterio popular ayuda a crecer. Y estoy hablando de proponer varios platos principales, no digo que dejemos en sus manos la elección del postre”, matiza el catalán. Berasategui insiste en que “los artistas no crean lo que a la gente le da la gana”.

Adrià ha querido dejar claro que “esto es una idea previa que indica por dónde irán los tiros en el futuro, aunque por supuesto quedan muchos flecos por desarrollar”. También ha reconocido que “si el cliente puede elegir comer solo un plato con la excusa de que no tiene hambre, obviamente el negocio de los restaurantes dejará de ser rentable”. Por eso ha añadido que “el concepto de carta tendrá ciertas restricciones y no tiene por qué afectar al precio final”. Consciente de que “todo esto es pura teoría”, el cocinero no descarta “hacer pruebas con voluntarios y ver qué tal va la cosa”.

Al final de la rueda de prensa, Adrià ha revelado que “este mismo concepto que os he comentado podría aplicarse a los vinos. Sé que suena muy loco pero cuando todo esté más adelantado os voy a sorprender con más ideas inesperadas”.