Con el fin de avanzar en la experimentación gastronómica, Ferran Adrià ha incorporado a la plantilla del restaurante El Bulli a un pinche pendejo. “Le conocí en Tijuana y, aunque tiene un carácter especial, creo que puede aportar ese punto transgresor que quiero que tengan mis platos”, ha declarado. Aunque como pinche se limitará a cortar almas de verduras, aliñar ensaladas de espuma con angustia de langostino y a realizar, en definitiva, servicios de apoyo, sus nuevos compañeros creen que “lo que haga en realidad será imprevisible. Puede que le dé por hacer albóndigas con los sobacos porque parece gilipollas” ha declarado uno de los trabajadores.

Aunque por lo general la decisión del cocinero ha sido bien vista porque introduce un factor multicultural en su concepción de la gastronomía, algunos detractores de Adrià aseguran que “a los sablazos de siempre se añade ahora el miedo a que ese mexicano loco haya removido tu sopa con el pene para hacer la gracieta” en palabras de un crítico gastronómico que ha preferido mantenerse en el anonimato. “Además, yo he estado varias veces en México y puedo asegurar que cuando ellos llaman a alguien ‘pinche pendejo’ es porque se trata de un imbécil sin matices”, ha insistido.