«Ha pasado toda la vida». Con estas palabras justificaba ayer Pancho Macareto su actitud calmada mientras ardía su casa por efecto de un incendio en Sentmenat, en la provincia de Barcelona. Más centrado en atender a los medios que en salvar sus posesiones, este negacionista del calentamiento global recordaba que «perder la casa e incluso a algún familiar en verano es normal. Lo raro sería que hiciese frío, digo yo».
Este señor tilda de «histérica» la reacción de sus vecinos, que siguiendo las indicaciones de las autoridades abandonaron la urbanización días atrás porque se acercaban las llamas. «Generación de cristal. Así de claro», sentenciaba el negacionista. «Dejadlo, de verdad, mañana recojo», gritaba a los bomberos, que trabajaban en la extinción del fuego en el inmueble. Como también niega el problema de la vivienda, está convencido de que encontrará «otra casa como esta o incluso mejor, sobre todo ahora que gobernará la derecha y dejará de haber trabas de los ecologistas para construir nueva vivienda».
Mientras los periodistas huían del lugar para no morir asfixiados por el humo, el negacionista se adentraba en la piscina del chalé ya derruido. «Un buen baño ha sido siempre la mejor solución para este calorcito», insistía. «Es la manera que tiene la naturaleza de autorregularse. Luego todos estos árboles crecen más fuertes», sentenciaba mientras un pino enorme se precipitaba sobre su jardín y destruía el porche.
«Todos estos helicópteros y estos periodistas tendrían que estar encargándose de lo realmente urgente: los trans que pretenden competir como mujeres en todas las disciplinas deportivas», zanjaba justo antes de perder el conocimiento por la inhalación de humo.









