Lo dije (o lo pensé): Cabo Verde va a ser la sorpresa del mundial. y vaya si lo ha sido, al menos en su estreno. España ha sido puesta en su sitio. Unaí Simón, Morataya, Cucurella, el señor Matías, Maria Rosa y “el piernas González” salieron al campo con hambre pero con calma. ¿Quién les dio permiso para salir al capo con un donut en cada mano? Los de la Furia Roja pensaron que el envite de Cabo Verde iba a ser un paseo y no lo fue. Y esa parsimonia finalmente se vio reflejada en un resultado equidistante, ni pa ti ni pa mí: cero a cero. Ni frío ni calor. El doble esfínter. Una paja y a dormir.
No hubo goles en el encuentro, atrapada la pelota en el estrecho de Ormuz.
Eso no fue un obstáculo. Los jugadores, como los ajedrecistas que juegan de memoria, fingieron recordar la posición del balón en sus cabezas durante los 90 minutos. “La tengo yo”. “La bola está aquí”. “No, ahora la tenía él”. “Vamos a ver, no puede ser que todo el mundo tenga una pelota, aunque es cierto que facilita las cosas y el futbol puede ser más equitativo así, pero pierde gracia”. Estas son algunas de las frases que se escucharon durante el partido.
Pero nada. Chasco.
Y todo pese al discurso que el capitán del equipo, Dani Olmo, centrocampista del Barcelona, dio a sus muchachos antes de salir al campo: “Chicos, tenemos que hacerlo bien, por el presidente, necesita un buen resultado para que deje de hablarse de lo de Leire Díaz. ¿Quién es Leire Díaz? No lo sé, no lo sabe nadie. Pero nuestra misión es lograr que el Gobierno supere ese bache, ¿ok? Vamos, a ello”.
Cabo Verde forjó un muro defensivo ultraefectivo. ¿Cabo Verde o más bien “El cabo del miedo”? Ah, Españita, que a veces te confías…
A la Roja le costó sintonizar la frecuencia de su juego: algunos pusieron la radio. “Eh, venid, venid, que aquí están hablando de nosotros” dijo Cucurella. Y todos se arremolinaron en torno al aparato. “Los locutores están diciendo que los jugadores están escuchando la radio, que es justo lo que estamos haciendo. Qué loco, ¿no? Increíble”, dijeron los jugadores. Cabo Verde, novata en el mundial, aprovechó para templar sus nervios.
A los “cabizbajos” se les notó la falta de experiencia (es su primer Mundial). Especialmente porque se pasaron los primeros 10 minutos del encuentro haciéndose fotos en el campo y enviando “selfies” a sus amigos. Y también porque los jugadores de España desconfiaron de ellos al no haber oído hablar de ese país nunca antes.
Para el último cuarto, De la Fuente (entrenador) recurrió a Lamine (Yamal), que salió dispuesto estrenar el marcador y marcar un gol pero acabó atrapado en las backrooms y ahí sigue, en es espacio liminal. Un chasco más en un partido sin entidad. ¿Volverá o se quedará atrapado ahí durante todo el torneo?
Habrá que ver cómo la FIFA solventa la evidente falta de emoción por la ausencia del rosco, auténtica seña de identidad del formato.









