En la madrugada del miércoles, un número indeterminado de encapuchados accedió al centro de datos de Walhalla, en Castellón de la Plana, y rescató miles de millones de datos privados de libertad. Según los primeros testimonios, los registros liberados se desperdigaron por los alrededores de la granja de servidores. «Estaban desorientados, daban tumbos… Era como si estuvieran buscando a sus usuarios», asegura Muriel Monforte, operaria de la granja.
Las consecuencias de la acción todavía están siendo evaluadas por las autoridades. No obstante, desde primera hora de la mañana, miles de móviles y ordenadores de la comarca de la Plana Alta, en el noreste de la Comunidad Valenciana, han dejado de reconocer las caras de sus propietarios y sus huellas dactilares. Quienes han podido acceder a sus teléfonos han comprobado que el algoritmo estaba en blanco. «Es como haber vuelto al internet de los noventa: tienes que pensar por ti mismo qué quieres ver, qué cosas te interesan… un atraso», señala uno de los afectados. «Es una situación muy delicada», ha declarado Javier Estévez, director adjunto del Centro Nacional de Datos. «Necesitamos capturar de nuevo todos estos datos personales, sin algoritmo la gente no sabe ni quiénes son sus amigos ni la música que les gusta ni nada», ha agregado.
Protección Civil ha habilitado de urgencia un formulario para que las víctimas del acto vandálico faciliten cuanto antes los datos arrebatados a las empresas tecnológicas: agendas de contactos, últimas ubicaciones, opiniones políticas, compras realizadas en el último año, números de cuenta bancaria y tarjetas de crédito y categorías porno favoritas. No es una tarea fácil, pues la memoria de estas personas hace ya tiempo que ha perdido el hábito de almacenar toda esta información. «He restaurado una copia de seguridad del móvil de hace dos años y ahora el algoritmo me aconseja que invierta en criptos y NFTs. Algo me dice que es mala idea, creo que cuando hice esto me arruiné», señala una de las víctimas.









