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Los españoles, ahora sí, preocupados ante la posibilidad de ser sustituidos por las máquinas con la primera Inteligencia Artificial capaz de tocarse los huevos

LAS MÁQUINAS PRONTO PODRÁN TIRARSE CUESCOS Y LUEGO DISIMULAR SIN PONERSE ROJAS

Esta semana se ha presentado en sociedad la Inteligencia Artificial ChatZZZ, desarrollada por OpenAI, y que es capaz de entrar en un estado de somnolencia incluso bajo presión, haciendo lo que comúnmente se conoce como «tocarse los huevos». Su desarrollo, por tanto, amenaza seriamente con suplantar a muchos españoles en sus lugares de trabajo. Así lo han manifestado numerosos ciudadanos, que consideran que la tecnología se está extralimitando hasta el punto de dar miedo.

«La siesta es lo que nos hace españoles. Una máquina no puede ser española. Puede intentarlo, pero sin baba en el cojín y sin ronquido, es imposible que dé el pego», comenta Kurro, funcionario de la Administración que insiste en que «hasta que no vea un robot en pijama y con un orinal bajo la cama, no me empezaré a preocupar». El escepticismo de Kurro no es, sin embargo, la norma. Ana Bengoetxea no duda en expresar su desconcierto: «La máquina es bastante buena copiando informes de la Wikipedia para colárselos al jefe y haciendo ver que trabaja cuando en realidad está tocándose los huevos. Ese es exactamente mi rol en la empresa. Asusta», confiesa Bengoetxea.

ChatZZZ ha aprendido durante meses observando a millones de empleados que pasan la jornada laboral sin hacer nada pero intentando que no se note, una estrategia que hasta ahora estaba lejos de la capacidad de las máquinas, que no siempre pueden reproducir la sutileza del comportamiento humano cuando el humano es un experto en el escaqueo.

La alarma ha saltado definitivamente cuando OpenAI ha anunciado que muy pronto ChatZZZ será capaz «de tirarse cuescos y luego disimular sin ponerse roja», superando en este campo al ser humano, que difícilmente puede contener la risa cuando Matilde, de Cuentas, pregunta quién ha sido «el cerdo» y mira fijamente a Ramón, porque siempre es él, y Ramón tiene que clavar la mirada en el ordenador para no romper a reír, estrategia que no suele surtir efecto porque sigue agitándose nerviosamente hasta que Matilde se le acerca tapándose la nariz y le propina una colleja.

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