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Tras seis horas infernales, Alberto Garzón se da cuenta de que ha sido un error obligar a las centralitas a derivarle a él todas las llamadas de atención al cliente

El ministro de Consumo, Alberto Garzón, quiere acabar con algunas malas prácticas que llevan a cabo las empresas en sus departamentos de atención al cliente, por lo que está preparando la Ley de Servicios de Atención a la Clientela, que limitará a tres minutos el tiempo de espera para ser atendido al teléfono y garantizará que todos los ciudadanos españoles pueden elevar sus quejas a él mismo, que será la persona que les atienda en última instancia. «Creo que esto último ha sido un error porque llevo una mañanita que… ¿Sí? Hola, mi nombre es Alberto Garzón y soy el ministro de Consumo, ¿en qué puedo ayudarle?», ha declarado en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, que ha tenido que interrumpir cada pocos segundos para atender a llamadas de clientes españoles.

El ministro, según ha explicado uno de sus ayudantes (mientras él atendía llamadas) quiso ponerse firme con las grandes empresas españolas, en especial con las tecnológicas. «Les dijo que quería enterarse de todas las quejas de los clientes, que se habían acabado la impunidad y el cachondeo y que, de hecho, iba a atender él todas las llamadas y todas las quejas, que ya estaba bien de tonterías», ha explicado este miembro del equipo de Garzón.

Todas las empresas aceptaron al momento, lo que hizo temer al ministro que, quizá, su idea había sido un error. Se ha pasado, según ha podido saber la prensa, seis horas al teléfono esta mañana, atendiendo un total de dos incidencias por minuto.

«La gente puede ser muy desagradable», ha lamentado el ministro en uno de los escasos segundos que ha tenido libres, entre llamada y llamada. Reconoce que entiende ahora que, de vez en cuando, las compañías pongan en espera a algunos clientes «e incluso, dado el caso, les cuelguen».

«¿Ha probado a reiniciar el router? No, si huele a comida eso es el microondas… Tiene que… escúcheme… No, oiga, ante todo, educación… Oiga, mire, yo esto no se lo puedo resolver, tendrá que llamar en otro momento», se le ha oído decir.

«Que sí, que sí, subnormal, lo que tú digas, bla, bla, bla, buaaah, buaaaah, llora un poquito, hijo de puta», ha exclamado poco después mientras presionaba el botón de silenciar sus auriculares.

El error de Garzón, que va a tener que compatibilizar sus tareas como teleoperador con su trabajo de ministro, ha hecho que otros miembros del Ejecutivo entiendan que quizá no es buena idea implicarse tanto en varios proyectos de ley y, de hecho, Yolanda Díaz ya ha dado pasos atrás en sus tentativas de implantar la semana laboral de cuatro días, que le obligaba a ella a sustituir a todos los trabajadores españoles una vez por semana.

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