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La caída de una bombilla mal enroscada hace pensar a un hombre que vive en «El show de Truman»

"GENTE, SE ACABÓ LA FARSA, TERMINAD CON ESTO", RUEGA MIRANDO AL TECHO

«Bueno, vale, se acabó la farsa. Sé que estáis ahí». Así ha reaccionado esta mañana Iñaki García Sánchez al oír cristales rompiéndose en el salón de su casa y descubrir que una bombilla se había caído del techo, haciéndose añicos. Obviando la posibilidad de que estuviera mal enroscada en el casquillo, García Sánchez da por hecho que su casa, su barrio, la oficina en la que trabaja desde hace cinco años y, en definitiva, su mundo entero, no son más que sets de un enorme plató desde el que se retransmite su vida como en la película «El show de Truman».

El hombre ha pasado toda la mañana recorriendo su vivienda mirando el techo y buscando micrófonos y cámaras. «Sé que me ven. Lo que yo percibo a través de las ventanas no es más que una proyección. Esa bombilla era parte de la iluminación. La gente con la que hablo son actores, y algunos no muy buenos si pienso en Marisa, por ejemplo», argumenta. Cree García Sánchez que la actriz que hacía de su ex consiguió un papel en otra serie y por eso tuvo que romper con él «con una excusa peregrina y cuando estábamos en el mejor momento de la relación». Dice que ahora «todas esas pequeñas incongruencias de mi vida cobran sentido, son fallos de guion, imprevistos salvados con cierta torpeza. Esa bombilla rota ha abierto una brecha por la que se cuela la luz de la verdad».

Como recién fugado de la caverna de Platón, Iñaki García recorre el barrio en el que ha crecido golpeando las paredes y los árboles, esperando que el cartón piedra se quiebre. «No soy ingenuo, ahora hay unos materiales que parecen de verdad, ya no es como en las películas de época, con aquellos platós de mentira», razona. Imagina a los responsables de «El show de García Sánchez» intentando salir del paso, esperando agazapados a que las sospechas del protagonista vayan perdiendo fuelle para recuperar la normalidad del programa. «Esto no va a ocurrir. Esa bombilla rota lo cambia todo. Ahora comprendo la pandemia, seguramente debida a la falta de presupuesto que hizo conveniente mantenerme en casa, ahorrando localizaciones, entiendo también el despido de la actriz que hacía del amor de mi vida y entiendo el infarto de mi padre, demasiado joven y sano para que su muerte tuviera algún sentido fuera de una obra de ficción», declara García Sánchez.

«He comprado otra bombilla, guardando la factura para que me la pague producción», señala Iñaki, que sigue esperando que alguien grite «corten». Se declara «aliviado al entender las arbitrariedades de mi vida», pero al mismo tiempo nervioso «porque no sé si sabré adaptarme a una vida real en un mundo real».

«Quiero saber si en la vida real hay guerras, pandemias y si la gente también es así de mezquina a veces, si hay dolor, angustia y soledad. Estoy dispuesto a arriesgarme a que todo empeore», promete. Y añade: «En serio, parad ya esto, por favor, no quiero seguir siendo el protagonista de una noticia de El Mundo Today».

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