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Tras más de diez años de exploración, el Rover Curiosity empieza a sospechar que los astrónomos que le enviaron «a un planeta paradisíaco, con muchas posibilidades» le engañaron

LE GUSTARÍA VOLVER A LA TIERRA PARA VENGARSE

Le ha costado, pero el Rover Curiosity al fin está empezando a asumir que todo lo que le dijeron era mentira y que de ninguna de las maneras Marte, el planeta rojo, cuya superficie lleva explorando desde el 26 de noviembre de 2011, es «un planeta paradisíaco lleno de playas, selvas, manglares y agua, agua por todas partes». La propia NASA ha confirmado que, a fin de convencer al robot para que emprendiera un viaje largo y solitario y sin posibilidad de retorno, exageraron «las virtudes» de Marte «un poquito». «Es un robot pero no es gilipollas, si le llegamos a decir lo que hay, no va», explicaba hace poco un astrónomo anónimo de la agencia espacial, arrepentido del engaño perpetrado a la máquina.

«Chicos, o alguien se confundió de planeta o se me informó mal porque aquí, chicos, no hay nada, ¿eh? Ni playas ni árboles ni nada… Al menos en esta zona del planeta no hay ni rastro del paraíso tropical que todos esperábamos encontrar», se quejaba hace poco el rover. A este mensaje, los astrónomos le respondieron «No, qué va, sigue buscando, sigue buscando… Ya aparecerá, te va a encantar, ya lo verás, mpfffjajaja. Nos reímos de pura emoción, porque seguramente estés a punto de encontrar una urbanización pronto… con tiendas de helados y tuercas, o cosas que te gusten».

Pese a la insistencia de los astrónomos, el propio Rover ha declarado a la prensa que empieza a tener serias dudas de que las promesas de la NASA sean ciertas y las últimas semanas se ha pasado los días farfullando «Esos hijos de puta… Ratas, sucias ratas… Ya los pillaré… Algún día… Aquí no hay nada de nada. Vaya puta mierda de los cojones. ¿Y detrás de esa colina? Quizá la playa está ahí… No, nada, tampoco, qué mierda… Esos bastardos… mentirosos, manipuladores… Vaya puta estafa…».

Según ha podido saber la prensa, el Rover Ingenuity, que aterrizó en la superficie marciana en 2020, todavía está muy lejos de sospechar que le enviaron mediante engaños y sigue explorando el planeta con la ilusión del primer día.

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