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Descubre que lleva toda la vida desayunando alpiste creyendo que el periquito de la caja era la mascota de los cereales

La visita de un fontanero esta mañana ha liberado a David Roiz de una esclavitud que llevaba años soportando. El joven ha sido sorprendido ingiriendo un montón de alpiste regado con leche a modo de desayuno. «Me pregunta el fontanero si es que he perdido una apuesta o algo y, claro, yo no entiendo nada», confiesa el afectado, que estaba convencido de que lo que comía cada mañana desde hacía más de diez años eran cereales de avena. «Me dice el hombre que esto no son cereales, que es alpiste para periquitos y que por eso salen periquitos en la bolsa. Yo pensaba que el periquito era la mascota de los cereales», explica.

Descubierta la verdad, Roiz admite que siempre le pareció extraño que en el interior de la bolsa nunca hubiera una sorpresa. También se explica que los cereales en cuestión fuesen «rematadamente sosos», un problema que intentaba paliar añadiendo azúcar a la mezcla. «Diez años cagando grano, pienso escribir a esta gente para que pongan en la bolsa que es alpiste para animales», comenta, aunque confiesa que «igual lo pone en la letra pequeña, pero como está en alemán no me entero».

El incidente ha ensombrecido el ánimo de David Roiz. «Estas cosas pasan cuando vives solo. Puedes hacer el idiota en soledad durante años y nunca lo sabrás. Esto es lo que yo llamo precariedad afectiva. Podría atragantarme ahora mismo con el alpiste y mi cuerpo quedaría tirado en el suelo de la cocina, momificado, y quizá en unos años al portero le daría por entrar en casa y descubriría el cadáver. Quiero decir que esto del periquito puede parecer una anécdota simpática, pero el tema es que estoy muy solo. Ojalá tuviera la vida social de un periquito», sentencia.

«Un periquito es un animal extremadamente sociable. Busca siempre una comunicación constante y fluida con su entorno, desarrolla sonidos para llamar la atención y consigue que incluso su lenguaje corporal forme parte de su dinámica comunicativa. Yo soy todo lo contrario. Diez años comiendo alpiste y no se me ha pegado nada bueno», concluye Roiz, que ahora se está planteando seriamente adoptar un periquito «al menos para aprovechar el alpiste que me queda en la bolsa, que está casi llena». Reconoce, eso sí, que «con lo mal que se me dan las relaciones, es posible que el periquito me acabe abandonando también».

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