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No tener pelo y necesitar dinero para un trasplante capilar, principal motivación de los políticos corruptos para empezar a robar

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Ni el ansia de poder ni el lucro personal: el principal motivo por el que la mayoría de políticos acaba corrompiéndose es el resentimiento por haber perdido pelo y la necesidad de sufragar los gastos de un trasplante capilar, según se deduce de un estudio publicado esta semana por el Instituto Nacional de Estadística. «Lo que un político busca al corromperse es recuperar el pelo caído en servicio, de ahí que la mayoría de corruptos sean calvos o hayan sido calvos», explica un periodista que lleva más de dos décadas investigando la corrupción política española.

«Hay un tipo de peinado muy concreto, el llamado ‘pelo de corrupto’, que delata al político que, tras años perdiendo cabello, recupera de golpe una mata de pelo vigorosa que necesita lucir en carteles electorales», explica este experto. Según dice, una vez se ha superado la barrera moral de robar dinero únicamente para el implante, es fácil seguir por la senda de la corrupción y añadir a la mata de pelo recién adquirida unos trajes, un coche deportivo o una segunda residencia a juego con la gallardía y juventud recuperadas con el nuevo peinado.

«Se ponen pelo y de repente necesitan un yate porque ese pelo pide yate», confirma el experto.

«4000 folículos… Estambul», dice Juan Carrasco, influyente político riojano que no quiere explicar quién sufragó los gastos de su costosa operación capilar en Turquía.

«No lo he pagado yo pero eso no quiere decir que el dinero haya salido de… Bueno, que esto era un gasto necesario para las campañas electorales, eso es lo que quiero decir», explica este político al que muchos ponen en el centro de una trama de corrupción en La Rioja.

«Mi pelo cayó en servicio», se justifica Carrasco, que considera que la Administración y los contribuyentes deberían sufragar los gastos de todo ese cabello perdido en el desempeño de su profesión. Y añade: «Aunque eso no quiere decir, pese a que considere que mi transplante debería ser un gasto público, que haya yo cogido dinero de las arcas públicas para viajar a Turquía, ni mucho menos. Y reitero que no sé quién es el ‘J. Carrasco’ que aparece en los papeles.

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