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La confesión de Bárcenas

El extesorero nacional del PP, Luis Bárcenas, condenado en el caso Gürtel a 29 años de cárcel, ha remitido un escrito a la Fiscalía Anticorrupción a seis días del comienzo del juicio sobre la financiación ilegal del partido y donde se sienta como principal acusado. Bárcenas explica en el escrito, al que ha tenido acceso EL MUNDO TODAY, su “voluntad de colaborar con la justicia” en los distintos procedimientos “en los que haya lugar”.

Lo que sigue es un amplio resumen de la confesión de Bárcenas.

“Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y, sin embargo, hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino del Partido Popular”.

“Llevo privado de libertad casi cuatro años y medio, y esta situación hace que uno piense en los errores que he podido cometer en la vida, el mal que he podido inferir a la sociedad fruto de una España en la que todo valía. Soy consciente de estos errores, y del dolor infringido [sic] a mi mujer y mi hijo. Un sufrimiento de los que no son merecedores y que han llevado a este segundo a expresar todo su dolor en unas horribles canciones de las que me siento, en parte, responsable y por las que pido perdón”.

“He de decir que desde el año 1982 –que se describe en mi escrito de defensa con referencia a los diferentes periodos– existió institucionalizado un sistema de financiación del Partido Popular con percepciones en B, en C, en D y en… Vaya, todo el alfabeto, que se realizaban a través de donativos. Llegó un momento en el que nos quedamos sin letras y hubo también caja B1, B2, B3… Luego hubo cajas con nombres de animales (caja elefante, caja jirafa…). Al final era un lío y lo que hicimos fue poner todo el dinero en una bolsa de basura grandota que, a la postre, resultó muy cómoda”.

“En lo que afecta a la suscripción de acciones de Libertad Digital S. A. por Álvaro de Lapuerta, por importe aproximado de 140.000 € que tuvo lugar a finales de 2004, se llevó a cabo a fin de difundir la tesis de la autoría de ETA en los atentados del 11-M y también para publicar unas horribles viñetas que Acebes dibujaba en sus ratos libres y que no le aceptaban en ningún medio, lo que le deprimía sobremanera y le hacía entender que era un mal artista, algo que todo el mundo sospechaba en el partido pero nadie se atrevía a decir en voz alta)”.

“Varios años llevo ya encerrado. Años lentos y largos como la amargura: tomando, en los recreos, el sol en el patio, ese sol que tanto agradezco; viendo pasar las horas con el alma anhelante. Y en mi mente, solo una palabra… Rajoy, Rajoy, Rajoy, Rajoy. Eso es lo que me repito cada noche antes de dormirme. Repaso una lista de nombres encabezada por esa palabra extraña de ecos gallegos. Cospedal, Acebes, Trillo, Arenas… Y Rajoy, Rajoy, Rajoy”.

“Rajoy”.

“Hay ocasiones en las que no puedo dormir porque el eco de esas letras rebota en mi cráneo como una pelota de squash tratando de salir por mi boca. Rajoy… pum. Rajoy…. pum”.

“Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy. Rajoy [SIGUE 17 PÁGINAS]”.

“Nunca fue la memoria mi punto fuerte, pero la soledad de mi celda ha funcionado como una purga no poco saludable y los recuerdos se me enredan como cerezas en un cesto. Y así, tirando de uno, resulta difícil no acabar volcando toda la fruta. Y, por fruta, me refiero a todos esos hijos de puta (con perdón) a los que voy a dar por el trasero (con perdón). Y por eso me decidí a escribir esta confesión, que espero que encuentre usted de su mayor interés, pues en ella está, como quien dice, toda mi vida, excepto los pocos años que queden hasta mi muerte -que Dios quiera abreviar-”.

“Como persona privada de libertad no sé si tengo derecho a voto (consultar), pero no pienso volver a votar al Partido Popular nunca más. Lo dejo por escrito con la contundencia y toda la honestidad de la que soy capaz, mojando mi pluma en el corazón (pluma metafórica, pues los funcionarios solo me han dado un plastidecor de color rojo para escribir)”.

“Confío en que las letras bruscas y apiñadas, producto de mi humilde y poco apropiado material de escritura, no resten credibilidad a su contenido”.

“Mi voluntad es la de colaborar con la Justicia en los distintos procedimientos a los que haya lugar, tanto en la presente pieza ‘INFORME UDEF.BLA No 22.510/13’, como aquellas otras que estén pendientes de enjuiciamiento o en plena instrucción. E incluso, si fuera necesario, podría colaborar con la Justicia de forma más activa: saliendo a las calles a atizar palizas a unos cuantos mendas, haciendo girar el ventilador de mierda, removiendo el avispero… Ya me he comprado una gabardina y tendré a buen hacer cualquier encomendación que se me asigne, pues me veo capaz de resolver cualquier crimen o investigar cualquier delito por misterioso que sea este”.

“Las personas que recibieron estos complementos salariales fueron en concreto: M. Rajoy, Dolores de Cospedal (a quien llamamos La Niña Chica, por su costumbre de gritar a pleno pulmón), Federico Trillo, Pío García Escudero, Francisco Álvarez Cascos, Rubén, María Rosa, Ángel Acebes, Javier Arenas, Rodrigo Rato, Jaime Ignacio del Burgo y un señor con bigote que al cabo de unos años descubrimos que ni era del Partido Popular ni nada y que simplemente pasaba por ahí recogiendo dinero y al que nosotros, quizá por un exceso de buena fe, estuvimos pagando sin chistar hasta que descubrimos su engaño y le echamos a gorrazos”.

“Recuerdo perfectamente el día que conocí a M. Rajoy. ¡Qué aspecto tan pintoresco presentaba aquel señor de andares antiguos! Uno, que es ingenuo y bueno de natural, presume también en los demás la misma bonhomía. Y no me sorprendió en absoluto que dicho caballero me hablara siempre leyendo el periódico o tapándose el rostro con enormes ramos de flores o insistiera en quedar en sitios muy mal iluminados”.

“Rajoy justificaba su codicia mencionando su infancia y lo mucho que hacía por España y cierta fobia desmesurada a la pobreza. ‘Huele mucho a cebolla, huele mucho a cebolla’, decía Rajoy como metáfora de una miseria casi de posguerra que nunca ha conocido, pues no solo sus ademanes eran de familia bien sino que en todas las ocasiones que he tenido de verle comer solo le he visto deglutir gambas. En todas las comidas, gambas y gambas y gambas. Gambas de primero y gambas de segundo. Y si hubiera una manera de endulzar gambas, a buen seguro que estos ojitos míos le habrían visto pedir tarta de gambas. Y chupaba la cabeza así jururu juruu juruuuu. Y reía con la boca abierta sujetando un gambón en cada mano”.

“Tampoco vi nunca al señor Mariano Rajoy y a M. Rajoy en el mismo sitio, pese a que yo insistiera en repetidas ocasiones en hacer una barbacoa todos juntos, pues entendí que esas dos buenas personas se agradarían mutuamente, dado que supuse que tenían muchas cosas en común”.

“Cuando yo le fuera a mencionar tal o cual trajín o quehacer en referencia a las cuentas opacas, el señor Mariano Rajoy siempre salía de la habitación y al instante aparecía M. Rajoy preguntándome por el tema y me decía ‘Hola, soy el señor M. Rajoy’. Siempre saludaban de esta manera tan característica porque era fácil distinguirlos. Costumbre que a mí me parecía de lo más simpática”.

“Total que, en mi candidez, tardé 15 años en descubrir que M. Rajoy no era otro que Mariano Rajoy”.

“Es él, señoría, M. Rajoy es Mariano Rajoy. Nunca hubo dos personas… ¡pues ambas comparten el mismo cuerpo y el mismo cerebro y el mismo esqueleto! Oh, qué amargura tan infinita sentí cuando tuve, en mitad de la noche y tras un sueño agitado, esta revelación. Siempre me había considerado una persona inteligente y sin embargo ahora siento que fui engañado con trucos y ardides torpes”.

“¿Mi principal delito? Amar al conservadurismo moderado del Partido Popular. ¡Si amar al Partido Popular es un delito, me declaro culpable! Siempre he querido decir, o escribir, esta frase”.

“Y es por todos estos motivos (ser traicionado por la derecha moderada, etc.) que, a fecha de hoy, me declaro un comunista convencido y creo que la única salvación para la corrupción generalizada de occidente es la anulación inmediata de la propiedad privada”.

“Sí, me he hecho comunista. ¡Quién habría de decirlo a mis años! Todo sea por repudiar al que era mi partido y que no pocos disgustos me ha dado”.

“También me he hecho feminista”.

“Noto cierto descanso después de haber relatado todo lo que pasé, y hay momentos en que hasta la conciencia quiere remorderme menos”.

“Reciba, señor don Joaquín, con este paquete de papel escrito, también una colección de poemillas y cancioncitas que he escrito en la soledad de mi celda. Tenga a bien enviárselas en primer lugar a una editorial y, si son rechazadas, a mi mujer, pues seguro que aliviarán su soledad. Y acoja este ruego de perdón que le envía, como si fuera el mismo don Jesús, su humilde servidor”.

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