Texto íntegro del Mensaje de Navidad del rey Felipe VI

MENSAJE DE SU MAJESTAD EL REY

Buf, a ver…

Hace seis años tuve el honor, por primera vez como Rey, de felicitaros la Navidad y de transmitiros un mensaje de afecto, etcétera. Un mensaje también de compromiso con mi vocación de servir a… [mira la chuleta] España. 

Por tanto, os agradezco que me permitáis nuevamente compartir con vosotros unos minutos en esta noche tan especial en la que tampoco tenéis mucho más que hacer. Y…

Sí, estoy en todos los canales.

Sí, aquí también.

Y aquí también…

Y aquí.

Estoy en todas partes, no tiene sentido que hagáis…

…zapping.

¿Ya? Bien. Como decía, no me queda otra que estar aquí un año más deseándoos —junto a la Reina, la Princesa Leonor y la otra, la pequeña… Sarita— la mayor felicidad y paz en estos días en los que nos reunimos con nuestros [mira la chuleta] seres queridos. 

Se dice –e imagino que es verdad– que el mundo no vive tiempos fáciles. Vivimos tiempos de mucha incertidumbre y de cambios profundos: el cambio climático, la pobreza, la corrupción, etcétera. Cosas preocupantes pero que seguramente se solucionarán en algún momento. Son cuestiones, en fin, que están muy presentes y que imagino que condicionan ya de manera inequívoca vuestras vidas, ¿no es así? No lo sé, no puedo saberlo, pero eso no significa que no pueda pensar en ello de vez en cuando.

Junto a todos esos problemas a los que hacía referencia está también la falta de empleo, especialmente entre los jóvenes. Una lacra que golpea con fuerza a la familia Borbón, pues algunos de nuestros miembros están desempleados esperando quitarme el trabajo a mí, jaja. No lo lograrán. Si alguno osara amenazarme, sería torturado mediante procedimientos innombrables durante horas.

Aunque, he de admitirlo, habrá un día en el que uno de ellos me arrebate el trono. Como marca la tradición, llegará un día en el que los astros estén alineados de una forma peculiar, en el que Leonor me devore y se convierta en vuestra Reina. Una reina hermosa y terrible como la mañana y la noche. Justa como el mar y el sol y la nieve sobre la montaña. Terrible como la tormenta y el relámpago. Más fuerte que los cimientos de la Tierra. Todos la amaréis y desesperaréis, etcétera.

Pero la pequeña pasará a engrosar las listas del paro y probablemente, como muchos de vosotros, se convierta en drogadicta o comunista o algo peor. 

Os decía al principio que no vivimos tiempos fáciles; pero también creo que, por eso precisamente, debemos tener más que nunca una confianza firme en nosotros mismos y en España. Este término, España, no es una palabra vacía, sino que tiene un significado de la más alta importancia. Por las noches, especialmente, cuando no puedo dormir, busco el artículo de España en la Wikipedia y me lo leo hasta que me quedo dormido. ¡Cuántas cosas hemos hecho juntos! Si no fuera por los españoles, no existiría América ni muchas de las cosas que más nos gustan de ese país como Los Vengadores o el Guacamole o la pizza.

España. Para otros usos de este término, véase España (desambiguación). «Estado español» redirige aquí. Para otras acepciones, véase Estado español (desambiguación). España, también denominado Reino de España,nota 1 es un paístranscontinentalmiembro de la Unión Europea, constituido en Estado social y democrático de derecho y cuya forma de gobierno es la monarquía parlamentaria. Su territorio, con capital en Madrid,30 está organizado en diecisiete comunidades autónomas, formadas a su vez por cincuenta provincias; y dos ciudades autónomas.

¿No es emocionante? 

Desde el principio de los tiempos, nuestro país siempre ha sabido abrirse camino cuando hemos afrontado el futuro con responsabilidad, con generosidad y rigor. Esto siempre ha sido así. Al principio con españoles que eran dinosaurios y luego con españoles que eran ya personas normales con pantalones.

Este año he tenido ocasión de conocer a algunos españoles personalmente, en la playa. El pánico que nos entró en presencia de aquella gente de instintos bajos y rastreros no pudo ser mayor, pues hasta entonces solo habíamos visto a los españoles en fotografías o por televisión o en alguna recepción oficial donde ya han sido previamente higienizados y seleccionados. Sin embargo, para nuestra sorpresa, apenas nos hicieron daño, aunque Letizia pegó a algunos con un palo y los amenazó con bufidos y aspavientos. 

Yo, por mi parte, decidí emplear medios suaves y afectuosos para evitar el temido ataque y con ese fin saqué del bolsillo unas monedas y las tiré al suelo, lo que fue recibido con muestras de algarabía y cariño.

Tanto nos gustaron esos españoles que nos trajimos a algunos de recuerdo y están desde entonces en el salón de casa. Las niñas juegan con ellos y se deleitan sobremanera con sus quejas y llantos. Son, sin duda, una grata compañía para todos. 

Somos una sociedad que ha hecho frente –y ha superado– situaciones muy difíciles con una serenidad y entereza admirables, demostrando una gran resistencia y madurez y sin apenas quejas. ¡Cuántas noches he pasado preguntándome cómo era posible que no hubiera revueltas sociales! ¡Cuántas noches me habré despertado gritando al pensar que había campesinos arrojando tomates y heces a nuestro palacio para luego comprobar que no era así! Y eso se debe, sin duda alguna, a un talante pacífico y bonachón de la sociedad española. Una sociedad, en fin, emprendedora y generosa, que desarrolla una gran creatividad y un liderazgo indiscutible en muchos campos como la gastronomía y otros. 

Vivimos en un Estado Social y Democrático de Derecho que asegura nuestra convivencia en libertad y que ha convertido a España en un país que no está mal. Yo, que he viajado mucho, he comprobado que hay países muchísimo peores. Y mientras haya países peores podemos estar tranquilos 

Lo importante es no llamar la atención ni para bien ni para mal, pues eso asegura la paz y la concordia.

Una paz, que, tengo que reconocer, a veces me pesa. En ocasiones pienso… «ojalá una guerra para demostrar mi valía”. Pocos españoles han podido comprobar lo bien que me desempeño en combate y cuando mi vida se ve amenazada. En esas circunstancias soy feroz y solo tengo en mente la victoria. Cuidaos de ver a un Borbón en modo batalla, pues no hay furia igual sobre el planeta. Muchos piensan que, en estos tiempos modernos, un rey puede no resultar muy útil, pero eso es porque nunca han visto de cerca a fenicios, macedonios, orcos o elefantes situarse al otro lado de la muralla dispuestos a arrasar con todo. ¡Qué práctico resulta un rey en tal circunstancia! 

Me alegra pensar que, pese a no poder cabalgar con mis hombres al alba, resulto muy útil a España. Quiero pensar (y de hecho estoy convencido de ello) que si yo descuidara mis obligaciones el país sucumbiría al instante, desatándose el caos más absoluto. 

Y ahora quiero tener unas palabras para esos 26 millones de españoles que han sentido su vida amenazada por las expresiones de apoyo a la Corona y a la Unidad de España de algunos miembros retirados de las fuerzas armadas. Tenedlo claro: no tenéis nada que temer. Mientras yo siga siendo rey, nada malo os ocurrirá, pues yo os protegeré. 

Tengo un listado con todos y cada uno de vuestros nombres. Sé donde vivís, lo que me facilita muchísimo teneros localizados y “protegidos”. [Hace el gesto de las comillas y se calla durante dos minutos]

Sería una pena que a mí se me dejara caer porque no os podría seguir protegiendo. Quién sabe qué haría una persona al ver amenazado su modo de vida. Sin embargo, ese no es el caso y estoy seguro de que todos estamos de acuerdo en que la monarquía sigue siendo la única institución que garantiza la seguridad de todos. 

Todo cuanto hemos logrado —la democracia, Masterchef, etcétera— no se ha generado de manera espontánea. Es el resultado, en última instancia, de que millones de españoles, gracias a nuestra Constitución, hemos compartido un proyecto común —la cocina— y compartimos unos mismos valores —la búsqueda del mejor cocinero de España—.

Estos valores llevan muchos años presentes entre nosotros y constituyen una seña de identidad de la España de nuestros días. Una identidad forjada en el odio mutuo y en el miedo a lo ajeno. Esto, y no otra cosa, es lo que hace que cuando vemos a un español en el extranjero tengamos que saludarle e incluso proponerle una cena o pasar el resto de las vacaciones con él. 

Y ahora quisiera tener unas palabras para todas aquellas personas que hayan perdido seres queridos durante este año a causa de la pandemia que azota a todo el planeta. Quiero expresar mi más profundo dolor por esas muertes. Y tenéis que saber que yo, como Rey, noto un profundo dolor en el pecho cada vez que muere un español. Como Rey de España, tengo la obligación de poner los huevos de los que nacen los españoles, y noto una punzada cada vez que la conciencia de uno de ellos se apaga. Siento vuestro dolor y también vuestras alegrías. 

Y también veo lo que estáis viendo ahora mismo, que soy yo. 

Queráis o no, formáis parte de mí y yo soy vuestra madre, pues habéis salido de mi ano. 

Os amo a todos y a cada uno de vosotros. Os amo a todos… excepto quizá a Rubén. Pero incluso a él a veces también, pues aunque tiene sus cosas es noble en el fondo. Y en cuanto a los titulares de Javi de Sistemas… la verdad es que los suyos son los mejores.

Y ahora, hablemos del elefante en la habitación. 

[Se abre plano, se muestra el enorme cadáver en descomposición de un elefante]

Se llama Fermín y se lo dejó mi padre aquí antes de marcharse. No sabemos qué hacer con él y huele fatal. En cualquier caso, esto me anima a hablar de mi padre, Juan Carlos I. Un tema que me causa un profundo pesar. Mi padre siempre ha sido un hombre desagradable que nos ha tratado con una severidad excesiva que, a mi parecer, ningún niño merece. Os juro que si entra por la puerta ahora mismo le pego una hostia delante de todos vosotros. ¡Qué asco me da el puto viejo de los cojones! 

[Su Majestad escupe al suelo mostrando desagrado]

Tenemos un gran potencial como país. Pensemos en grande. Avancemos con ambición. Todos juntos. Sabemos hacerlo y conocemos el camino. ¿Qué somos, extranjeros? No, somos españoles. Y a nadie se le da tan bien ser español como a un español. En eso somos los mejores. Incluso a los catalanes se les da muy bien ser españoles y eso les da mucha rabia, pero es así. No lo pueden evitar, está en su ADN. ¿Qué harían si se independizaran? Otra España. ¿Necesita el mundo otra España? No, el planeta no podría tolerarlo. 

Antes de acabar, quiero expresar de la forma más vehemente posible que no soy un ‘deep fake’ del Gran Wyoming. 

Con ese ánimo y con ese espíritu, la Reina, nuestras hijas y yo y toda la familia, os deseamos a todos muy felices Pascuas y un buen provecho. ¿Qué coméis en Navidad? ¿Nabo relleno? ¿Algún tipo de puré? No puedo saberlo. Es más, prefiero no saberlo. 

Confío en que la entrada al nuevo año también sea lo más afortunada posible y que, aunque no podáis reuniros, no renunciéis a los ritos tradicionales. Nosotros, como cada año, sacrificaremos 12 cabras durante las Campanadas para honrar a Lord Gorgoroth. Espero que os vaya bien con vuestras 12 adorables uvitas o lo que sea que comáis. 

Como digo, prefiero no saberlo. 

Feliz [mira la chuleta] Navidad.

Palacio de la Zarzuela, 12 de agosto de 2020.

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