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No lo verás en los medios ‘progres’: el feminismo está impidiendo que Juan Gutiérrez, de 33 años, tenga novia

LA CARA OCULTA DE LA LIBERACIÓN FEMENINA

Condenado a la soledad por culpa de las feministas. Así vive Juan Gutiérrez, un administrativo de Alicante de 33 años que no consigue que su historia sea escuchada por los medios.

¿Puede su situación ser más injusta? ¿Por qué el feminismo quiere hacerle desgraciado?

El movimiento político, cuyas raíces filosóficas podemos encontrar en el libro «Vindicación de los derechos de la mujer» de Mary Wollstonecraft, tiene como objetivo evitar que Juan encuentre pareja, conecte emocionalmente con otra persona y sea, en definitiva, feliz. Pero esto no interesa a los medios “progres” interesados en vender únicamente la cara buena del feminismo, y no la cara amarga, la que impide que Juan sea feliz.

Todas las chicas que conoce por Internet le bloquean porque el feminismo les dice que lo hagan.

«El único motivo por el que yo estoy soltero y ninguna chica habla conmigo durante más de un minuto es el feminismo. Punto», denuncia Juan.

Ningún diario progresista parece interesado en informar de su situación porque va en contra de su agenda política y demuestra la auténtica agenda del feminismo global. Todo el movimiento está impidiendo que tenga novia. En cuanto le gusta una chica y empieza a hablar con ella y parece que la cosa fluye, el feminismo se acaba interponiendo entre él y el amor.

El propio Gutiérrez quiere quitar responsabilidad a más de dos siglos de movimientos y responsabiliza especialmente al feminismo de tercera ola, que es el que parece empeñado en perjudicarle a él personalmente. «No hay que ser extremistas. Hay feminismos que no perjudican a mi vida sexual, pero hay otros que sí. No todo es blanco o negro. Que las mujeres tengan derechos y exijan dignidad está muy bien, pero no hasta el punto de que yo me quede sin novia y me sienta solo», denuncia.

«El proceso siempre es igual: conecto con alguna chica en Tinder, le digo cuatro cosas y me bloquea siempre con la misma excusa: el feminismo», explica al borde del llanto.

Cuando intenta acercarse a alguna mujer por la calle sucede exactamente lo mismo: el feminismo impide que ella le haga caso o se muestre simpática ante sus piropos.

Si no fuera por el feminismo, Juan Gutiérrez ya tendría una relación estable con una buena mujer que habría visto con buenos ojos las preciosas fotografías de su pene que envía a desconocidas, pero por culpa de la propaganda progresista este gesto de cariño cae en saco roto.

Si no fuera por el feminismo, nunca dormiría solo.

«El feminismo fomenta la mojigatería, la represión y el discurso antisexo. Y, concretamente, el discurso antisexo conmigo», lamenta Gutiérrez. Y denuncia que pocos medios quieren escucharle porque su opinión «no interesa y podría socavar los cimientos del feminismo, mostrando su auténtica cara y su auténtica agenda, que es ir en mi contra, hacerme infeliz y, posiblemente, forzarme a morir solo».

Gutiérrez se siente perseguido y se queja sobre todo de la doble moral de la izquierda, empeñada en promover el 8M pero en silenciar que él no ha hecho el amor en más de dos años por culpa de los movimientos a favor de las mujeres.

«Puedes decir lo que quieras de la cultura de la violación, pero al menos es una cultura», dice Juan, que ha aprendido algunos términos.

Juan, que se ve empujado a recurrir a los servicios de «señoritas de compañía», también denuncia «la conspiración feminista global» haya hecho que el tráfico humano, la esclavitud sexual y la cosificación de los seres humanos estén tan mal vistos.

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