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Estas son las diez respuestas más frecuentes que dan los españoles al comercial de Jazztel cuando llama por las tardes

No me interesa pero gracias.

De verdad, no me interesa.

Me llamasteis ayer y os dije lo mismo: no estoy interesado.

Me pillas en mal momento.

Me pillas en mal momento pero es que, además, no me interesa.

De verdad, no estoy interesado.

No quiero internet.

No me hace falta internet, de verdad.

No me interesa, no necesito una conexión a internet en estos momentos. Pero gracias.

El impacto fue seco y brutal. Vi una mole de metal oscuro agitándose en el aire, yendo directa hacia mí, y luego no pude oír más que un pitido insoportable en la cabeza mientras mi cuerpo entero se sacudía como un muñeco en manos de un niño histérico y cruel. Sentí que mis vísceras intentaban… mis vísceras… lo diré: mis putas vísceras estaban como intentando embutirse a presión dentro de mi propio cráneo mientras todo se venía abajo, conmigo atrapado en el interior. Y todo el rato muchas náuseas y arcadas que se perdían en el aire, que olía a grasa y a sangre rica en hierro. Sé que fui yo quien escupió toda esa sangre, pero dejé de ver. “Mejor así”, me dije. “Mejor no ver nada”, repetí para mis adentros -mis adentros agitándose como pulpa hirviendo-. Estando a ciegas pude centrarme en un dolor en el costado que me dejaba sin aliento, creo que algo muy afilado me había atravesado como el cuchillo a la mantequilla. Algo que ardía. Y luego me apagué completamente. Y así permanecí, apagado, hasta que de repente volvió el pitido ese en mi cabeza. No salía esta vez del interior, venía de fuera. Tardé, pero finalmente me di cuenta de que era el pitido de las máquinas del hospital. Creo que llevo mucho tiempo postrado pero no puedo saberlo porque ahora mismo, por algún motivo, no reconozco las voces que me hablan ni descifro nada de lo que me dicen. Y todo es borroso, indeterminado y feo. Sigo sin saber qué ocurrió. Un accidente, imagino. Solo recuerdo esa plancha de metal que iba a por mí y que me destrozó por dentro y por fuera. Si te digo la verdad, no sé cómo he quedado después de todo aquello, no sé ni quién soy. ¿Cómo coño me llamo? Tú tienes que saberlo, pero aunque me lo dijeras no te iba a entender. Hay algo en mí que se ha desconectado y no sé si es para siempre. ¿Soy un monstruo amputado y lleno de cicatrices? No lo sé y juro por dios que prefiero no saberlo. Pero sí sé una cosa: en estos momentos de mi vida, o de lo que ha quedado de ella, no estoy interesado en una conexión a internet. Pero gracias, te lo digo de verdad.

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