Juan Carlos Incógnitez Anónimez

Yo, como persona que nada tiene que ver con la Casa Real ni con Juan Carlos I, querría decir unas palabras sobre estos “problemillas” privados suyos de los que se habla últimamente.

La monarquía es un don, una encarnación divina; ni es democrática ni está sujeta a las leyes que los hombres nos hemos dado, ni queda totalmente a nuestro alcance comprender su última profundidad y significado. Yo mismo no entiendo nada de lo que significa ser un rey, por eso no puedo juzgar si lo que ha hecho está bien o mal, pero estoy seguro de que está bien.

Y lo digo yo, que este tema ni me va ni me viene porque ni soy rey ni nada.

Pese al prestigio internacional, moral e institucional que adquirió Juan Carlos I por su papel durante la Transición y por su heroica intervención frente al golpe del 23-F, en 1981, resulta comprensible que, al conocerse algunos detalles inquietantes de su pasado privado, y aunque no haya sido imputado en ninguna causa (y probablemente no vaya a serlo, creo yo), se haya generado desapego en muchos ciudadanos. Aún así, creo que a esos ciudadanos se les habrá pasado el enfado ya, porque tienen otros problemas más graves.

Y además todo el mundo quiere al rey Juan Carlos I.

Ha habido fuerzas políticas que se han encaramado a este comprensible sentimiento para arremeter contra el actual modelo constitucional, obviando la distancia que media entre las conductas individuales y el edificio institucional que sostiene la vida democrática. Algunos diarios han querido dejar claro que Juan Carlos I es una cosa y la Casa Real es otra. Estoy de acuerdo: en mi opinión ambas cosas son igual de geniales.

¿No serán las críticas al Rey Juan Carlos, una persona cuya ejemplaridad ha sido ejemplar en todo momento, una cortina de humo para que no se hable del auténtico atentado a la democracia española que es el casoplón del coletas?

Es absolutamente heroico además que haya decidido irse de España y no lo haya hecho por “miedo” a las injustas presiones judiciales y mediáticas a las que está sometido. Se ha ido por honor. ¿Es un héroe? Pues hombre, seguramente sí. Yo creo que sí o no me llamo Juan Carlos Anónimez.

No he coincidido con él jamás pero estoy seguro de que, si lo conociera un poco a fondo, vería que es muy campechano, muy buena gente y muy amigo de sus amigos.

Querría añadir otra cosa, señores: ¿No creen que estamos un poco obsesionados con el paradero de Juan Carlos I? Ahora mismo se dice que está en Abu Dhabi, en una suite que muchos considerarían de lujo pero que para él probablamente resulte normalita e incluso modesta y en la que el aire acondicionado probablemente no funcione como debería funcionar (confiemos en que esto se solucione lo antes posible).

¿Está ahí? No se sabe. Qué más da dónde esté. Primero, porque estará siempre en nuestros corazones. Y segundo, porque realmente no importa. ¡Dejemos de buscarle! ¡Que haga lo que quiera, que se lo ha ganado!

Respecto a la institución, la Casa Real ha actuado con contundencia (incluso con demasiada) contra el pobre Juan Carlos I, que ni se lo merecía y fue el primer sorprendido de según qué cosas. No solo lo han echado de su casa (que es suya, quiero remarcar) sino que lo han hecho de muy malas maneras y probablemente ni siquiera le haya dado tiempo de recoger algunas cosas importantes -como por ejemplo sus palos de golf, la camisa rosa de cuadros grandes que tanto le gusta y su iPad- y que agradecería (intuyo, porque yo no he hablado con él ni lo conozco ni soy él ni nada) que le enviaran al Hotel Emirates Palace, Corniche Rd W – Al Ras Al Akhdar – Abu Dhabi – Emiratos Árabes Unidos.

Y al Felipe VI este, a ver cómo le va. Estoy seguro de que lo hará genial y casi casi tan bien como su padre. No tan bien, pero casi tan bien, porque lo lleva en la sangre. Confianza plena en él, aunque hablo en nombre de todos los españoles si digo que le ha hecho un feo a su padre, la verdad.

Yo no conozco a Felipe VI, pero creo que mi hijo ha sido un poco desleal con Juan Carlos I. De todos modos, están siendo semanas difíciles y seguro que cuando ambos se vean en Navidad se abrazarán y se darán regalos. Puede incluso que se le devuelva la asignación a Juan Carlos I, que no anda muy bien de dinero últimamente.

Él, y todos nosotros, queremos que esto acabe y todo vuelva a la normalidad. Por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es perdonarlo cuanto antes (porque tampoco ha hecho nada).

Y ahora, como persona anónima que no está implicada en el asunto (y por lo tanto, sin intereses espurios que pudieran influir en mi discurso), me gustaría añadir una última cosa: gracias, Majestad.

Gracias por todo.

Y de nada, España.