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Un habitante de una isla del Caribe, deseando desconectar en una oficina del centro de Madrid

“CAFÉ DE MÁQUINA, FOTOCOPIAS Y AIRE ACONDICIONADO ES LO ÚNICO QUE QUIERO”, INSISTE

Waylon Vargas, un habitante de una isla del Caribe, ha manifestado esta semana su deseo de desconectar en una oficina del centro de Madrid. Vargas lleva meses al sol en las playas de Barbuda, bañándose en las cristalinas aguas de la zona, y ya no puede más. “Qué ganas de coger un avión y desaparecer durante un mes en un edificio del centro de Madrid”, reconoce. “Aunque con un buen polígono me conformaría”, añade.

Desde la blanca arena de la playa en la que se toma una piña colada, Vargas observa las oficinas de Madrid en su móvil mientras fantasea con sus vacaciones de ensueño. “Qué ganas de madrugar para meterme en un coche y disfrutar de los atascos de la capital española”, dice viendo en su reloj que todavía le quedan más de dos largas horas para poder bajarse de la tumbona.

Vargas lleva todo el año esperando al verano para poder desconectar de su rutina. «Café de máquina, fotocopias y aire acondicionado es lo único que quiero”, insiste con la impaciencia propia de alguien que tiene unas vacaciones programadas y espera a que lleguen. “Lo que daría por que Ramírez me pidiera un informe para mañana a primera hora con un tono amenazante”, fantasea. “Bueno, ya queda poco, en unas semanas estaré volando para allá”, se consuela mientras flota al sol en las cálidas aguas del Caribe.

El caso de Vargas no es excepcional. En la India, por ejemplo, muchos habitantes ya están deseando venir a España para perderse a sí mismos.