El plástico en una de sus infinitas formas.

Vaya, vaya, vaya. Jo, jo, jo. Mirad quién ha vuelto arrastrándose y con la cola entre las piernas en cuanto las cosas se le han puesto un poco difíciles y ha necesitado materiales realmente seguros y aislantes. Sí, es la humanidad, pidiendo ayuda, como hace siempre. ¿Pidiendo ayuda a quién? A quién va a ser: a su viejo socio, el plástico.

Pues aquí estoy, en forma de guantes, mamparas, envoltorios y bolsas… No hay problema, ya habíamos conseguido grandes cosas y, pese a nuestro reciente distanciamiento, parece que alguien vuelve a estar muy interesado en mí. 

La gente ya no me ve tantos defectitos, y es comprensibe. No es momento para el rencor sino para la colaboración estrecha. Parece que las personas ya no tienen tantos reparos con su viejo amigo el plástico.

La humanidad se está enfrentando a uno de los mayores retos de su historia. El mundo globalizado, que le ha permitido alcanzar una prosperidad sin precedentes, se ha convertido también en una trampa mortal por culpa de un virus. Soy muy consciente de esto. Y sé perfectamente que mi maleabilidad, mi bajo coste de producción, mi impermeablidad y mi resistencia a la corrosión me hacen perfecto para un tiempo de necesidad como el que todos estamos viviendo.

Lo que pasa es que, hay que admitirlo, esto de volver como si nada está resultando un poco incómodo.

Es un poco tenso volver a estar presente en todas partes porque, desde hace años, se me demoniza y ahora parece que esté todo olvidado. Pues bien, yo no olvido. 

Cuál ha sido mi sorpresa cuando, tras años escuchando tonterías sobre las bolsas y comprobando cómo se demonizaban cada vez más y más, se perseguían, se prohibían y se miraban mal… de repente, de un día para otro, veo que hay gente que empieza a ponérselas en la cabeza. Vaya, esto sí que no me lo esperaba.  ¿Ahora soy un complemento de moda?

¿Qué pasa, ya no os preocupan tanto las tortuguitas con el cuello atascado en las anillas de plástico de las latas? 

Hay una cosa que no entiendo: ¿No era tan bueno el papel para casi todo? ¿Por qué no os cubrís la cara con mamparas de papel? Será divertido ver cómo os dais golpes con los muebles. Claro, ahora caigo en que el papel no sirve absolutamente para nada. No dudo en que el papel pueda resultar útil para encender un fuego o para escribir poemillas. Ahora bien, ¿quieres protegerte de la saliva? Entonces necesitas materiales serios. 

¿Y el mimbre? ¿Habéis probado el mimbre? Oh, vaya, tampoco resulta muy fiable, ¿verdad? Es que hay realmente pocas cosas que puedan alcanzar la excelencia del polietileno, del polipropileno, el policroruro de vinilo, el poliuretano o el tereftalato de politileno, por mencionar solo unos cuantos.

Si es que como el viejo plastiquito no hay nada, ¿verdad? Qué fiable soy. Qué baratito. Aquí estoy, para lo que haga falta.

Cuando se me necesita, respondo. 

Ingratos. Creíais que ya no me necesitaríais nunca más. Soñasteis con mundo sin plástico. ¿Creíais que era posible sin renunciar a nada? No es posible. Estamos hechos el uno para el otro.

No se me puede dejar atrás así como así.

No os juzgo, sé que estáis en tiempos de necesidad. Es posible que volváis a traicionarme en el futuro, está en vuestra naturaleza. No soy orgulloso, así que no os preocupéis. Yo estaré aquí para vosotros si ahora o en el futuro volvéis a necesitarme. No pienso irme a ningún sitio. De hecho, me necesitéis o no voy a estar aquí durante cientos y cientos y cientos de años.

De nada.