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Un vecino se ve obligado participar en las caceroladas del barrio de Salamanca de forma casi silenciosa porque solo tiene ollas de la marca Le Creuset

“ES LA PRIMERA VEZ EN MI VIDA QUE ENVIDIO A LOS POBRES, PORQUE NO TIENEN ESTE PROBLEMA Y PUEDEN HACER MÁS RUIDO”, DICE

Lamentando no poder hacer todo el ruido que debería, José Andrés Ruipérez, un vecino de 52 años del barrio de Salamanca que lleva días participando en las caceroladas contra el Gobierno, admite que su contribución está siendo “discreta” porque solo tiene ollas de la prestigiosa marca Le Creuset, cuyos precios rondan entre los 200 y 300 euros, según él mismo admitió ante la prensa. “Fuera, fuera, fuera. Este Gobierno engaña. Fuera, fuera, fuera”, dijo ayer gritando a pleno pulmón pero golpeando flojito y con una cuchara de madera una «cocotte» redonda modelo Evolution. 

“La protesta social es una cosa durísima, no sabía que era tan cansado”, admitió también. La cacerola, un clásico de la cocina francesa fabricado artesanalmente con hierro colado y varias capas de esmalte, pesa casi tres kilos. Ruipérez admite que envidia a la gente no tan adinerada que tiene un menaje “quizá no tan adecuado para cocinar pero mucho más efectivo en caso de una revuelta como esta”. 

“Estoy aquí por España, porque amo a mi país, pero tampoco tanto como para golpear mis ollas con cucharas que no sean de madera porque a esto no se le pueden dar golpes”, declaró a modo de excusa.  

Ruipérez prometió que en las próximas convocatorias probablemente enviará al servicio doméstico a protestar en su nombre o, en su defecto, programará la Thermomix en modo «protesta».