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Lleva un mes y medio con el termómetro en el sobaco porque todavía no ha pitado

TIENE OTRO SIN PILAS METIDO EN EL RECTO DESDE 2015

Nada más empezar el confinamiento a principios de marzo, Pepita Castaño, natural de Valladolid, decidió tomarse la temperatura tal y como recomendaban las autoridades, pero el termómetro todavía no ha pitado y la mujer lleva ya un mes y medio con él en el sobaco. “Intento hacer vida normal, pero no es nada fácil”, se sincera visiblemente incómoda.

Castaño no puede utilizar el brazo izquierdo desde que se inició la cuarentena, hecho que le dificulta mucho la supervivencia. “No puedo cocinar, soy incapaz de limpiar y encontrar la postura para dormir es casi misión imposible”, lamenta. “Espero que el termómetro pite pronto para poder darme una buena ducha”, añade. “También me habría gustado aplaudir a los sanitarios todos los días a las ocho, pero no me quiero arriesgar a que se me caiga por la ventana”, explica.

Además de la incomodidad física, a Pepita se le une la preocupación de no saber si tiene el coronavirus o no. “Me puse el termómetro el 14 de marzo porque tenía síntomas y quería saber si tenía fiebre”, relata. Aunque muchos familiares y amigos le recomiendan que se lo quite ya, Pepita está convencida de que sonará en cualquier momento. “Basta que me lo quite para que se ponga a pitar, estas cosas siempre funcionan así”, asegura. “Tampoco quiero ponérmelo de nuevo y perder otras seis semanas”, agrega.

El termómetro en el sobaco no es el único problema que tiene está mujer. También lleva cinco años sin poder sentarse porque tiene otro termómetro sin pilas en el recto desde 2015, cuando se quiso tomar la temperatura para saber si tenía la gripe A.

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