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Asume que tiene que comprar otras patatas porque le costará comerse las que ya tiene al haberles puesto nombre y haber hablado tanto con ellas

LA MUJER CONSIDERA QUE ESTARÍA COMPLETAMENTE LOCA SI SE COMIERA A SUS COMPAÑERAS DE PISO

Diciendo que se ve incapaz de comerse a “Tubérculi, Chipi, Papón, Daisy y Mona Lisa”, Laura Pérez, de 36 años que está pasando la cuarentena a solas, ha admitido ante sí misma y ante la opinión pública que tiene que salir a comprar patatas nuevas porque los lazos que ha estrechado con sus actuales patatas son demasiado intensos. “Ponerles ojos y conversar con ellas durante horas y horas no fue buena idea”, ha declarado Pérez, que lamenta ahora haber establecido una relación personal de tú a tú con las cinco patatas de su despensa. 

“Estas son mis amigas, así que lo que haré será comprar otras patatas con las que no me encariñaré para así poder arrancarles la piel, cocinarlas y comérmelas”, ha explicado Pérez, que llevará a cabo sus planes a espaldas de sus amigas, por si a estas les molesta la idea de comer patatas.

“Sé que ellas no tienen conciencia, pero me miran con esos ojos que les he pintado y se me rompe el corazón”, añade.

Pérez desconoce en qué lugar se le fue de las manos su relación afectiva con las patatas pero cree que todo pudo haber empezado hace ocho días, una noche en la que necesitaba hablar con alguien para superar la pérdida de un calabacín que decidió comerse pese a que habían pasado ya varios días juntos.

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