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Una mujer planea conquistar el último reducto de armario que le queda a su novio

"PRONTO TODO SERÁ MÍO", REPITE CON AMBICIÓN Y CRUELDAD

Considerando que el último estante del que no se ha apropiado le pertenece “por derecho propio”, Sonia Monroy, de Girona, ha declarado su intención de conquistar el último rincón de armario que aún está en posesión de su novio, Tomàs Roure. “Enviaremos una bufanda a modo de avanzadilla. Se infiltrará entre la ropa ajena e iremos ganando posiciones por el flanco izquierdo, con más bufandas… Luego, dos sombreros entrarán por aquí, por el lado derecho, haciéndose fuertes, ocupando mucho espacio. Poco a poco, mediante una maniobra de pinza, su ropa quedará atrapada y será evidente que ya no habrá sitio para ropa masculina en este último estante”, ha explicado a la prensa. 

“Para 2020, todo será mío”, ha insistido, resuelta a continuar su lucha hasta el fin.

Monroy tampoco ha dudado ante la prensa en admitir que, efectivamente, la ropa de Tomàs es víctima de “una persecución” y un “acorralamiento” que tiene como fin último su exterminio.

“Él no se dará cuenta, pero este espacio me pertenece, lo necesito. Mi determinación es firme”, ha dicho mirando el armario con las puertas abiertas, recordando el momento, ya lejano, en el que se decidió compartir el territorio a partes iguales. Sonia, cuya ambición no conoce límites, ya planeaba poco a poco conquistar la totalidad del armario e imponer un régimen totalitario “sin que se note, como algo natural”. 

Sonia admite también que, cuando ya no quede territorio disponible para la ropa de su pareja y esta se vea obligada a buscar refugio para su ropa (dos pantalones cortos, tres camisetas de Iron Maiden y una sudadera) en el exilio (el manillar de la bicicleta estática que no usan), empezará una fase de exterminio (tirar las camisetas a la basura) y anexión (apropiarse de la última sudadera de Tomàs en cuanto llegue el invierno y haga un poco de frío).

A última hora, las fuentes han informado de que Tomàs ha comunicado su rendición completa ante la superioridad militar y estratégica de Sonia y ha colgado la bandera de la paz (unos calzoncillos blancos) en el respaldo de la silla del escritorio.