Confiando en alcanzar su ansiado registro de 120/80 mm Hg, Dolores Carbonero, una señora de 64 años vecina de Alguazas, en Murcia, ha intentado sobornar a su aparato para medir la tensión antes de someterse a su chequeo semanal. La mujer ha colocado disimuladamente el dinero entre el velcro del brazalete con la esperanza de bajar su presión arterial. “¿Qué te parece si hoy bajamos de los 140 mmHg?”, le ha dicho a su tensiómetro como quien no quiere la cosa mientras le entregaba cerca de 20 euros.

Fuentes cercanas al domicilio de la mujer aseguran que los nervios provocados por llevar a cabo el soborno han aumentado significativamente la tensión sistólica de la señora, obligándola a ofrecer cada vez más dinero al aparato, que hasta el momento se ha mostrado incorruptible. “Los tensiómetros digitales tienen una moral muy fuerte y es prácticamente imposible alterar sus resultados”, se congratulan desde el Ministerio de Sanidad. “Por mucho dinero que se les ofrezca, estos aparatos están diseñados para mantenerse firmes porque soportan muy bien la tensión”, agregan.

Los aparatos manuales de medición de la presión arterial sí que eran más fáciles de corromper, muchos de ellos llevan años retirados viviendo en hospitales de lujo en los que a priori no les correspondería estar, lo que sin duda genera muchas suspicacias y habladurías. “Si Dolores tuviera un aparato un poco más antiguo probablemente habría conseguido su objetivo de alterar los resultados”, reconoce su médico de cabecera. “Por suerte, su tensiómetro ha marcado sus habituales 150 mmHg y, se ponga como se ponga, le voy a quitar la sal”, sentencia.

No es la primera ocasión en la que esta señora en concreto trata de sobornar a aparatos relacionados con la salud. La semana pasada ya fue sorprendida metiendo billetes en el hueco de las monedas de la báscula de la farmacia con la intención de que le marcara menos peso.