A primera hora de esta mañana, Marisa Nuño, de 37 años, ha llegado a su puesto de trabajo después de disfrutar de cuatro semanas de vacaciones. Asegurando haber “recargado pilas”, la empleada se ha sentado en su mesa y se ha estado poniendo al día con el trabajo, hasta que a las diez horas de la mañana aproximadamente, al levantarse para orinar, se ha visto en el espejo del baño y ha comprobado que su moreno había desaparecido por completo. Su tez es incluso más blanquecina que antes del verano.

“Tenía un bronceado de 30 días precioso pero, tras dos horas en la oficina, su piel ha vuelto a su color pálido habitual”, explica Antonio, de Calidad. Fuentes cercanas a la compañía aseguran que Marisa ha sufrido una crisis nerviosa al ver que su moreno ya no estaba y lo ha tratado de buscar por la oficina sin éxito. “Ha sido muy desagradable”, reconoce Ana de Administración. “Marisa volvió de vacaciones con unas trenzas africanas muy exóticas pero al responder al cuarto mail de la mañana ya no quedaba ni rastro de ellas”, añade. “Ahora ya luce su habitual moño sujeto con un lápiz”, concluye.

Además del moreno, a Marisa también se le ha borrado totalmente la sonrisa. Los expertos coinciden en establecer en una hora y 45 minutos el tiempo exacto en el que una persona pasa de estar relajada después de las vacaciones a estar estresada, deprimida y atrapada en la rutina. “Al entrar en Facebook para ver las fotos de sus vacaciones, Marisa ha comprobado que su imagen se ha ido difuminando hasta desaparecer en la mayoría de ellas, es como si nunca hubieran existido”, lamenta Fernando de Cuentas, testigo de los hechos.

Marisa también se ha mostrado muy sorprendida al comprobar que todos los problemas que había dejado antes de irse de vacaciones seguían esperándola en el mismo sitio en el que los dejó. “Incluso ahora parecen más grandes”, ha dicho, consciente de que esta tarde tendrá que quedarse a hacer horas extras.