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La parte menos verosímil de una sitcom sobre un joven que adopta a un perro que habla es que pueda vivir él solo en el centro

Diciendo que hay aspectos de la serie que resultan “demasiado fantasiosos”, los espectadores de Javier y Munchi, la serie en la que aparece un perro que habla, se muestran decepcionados porque es poco realista que su protagonista pueda permitirse vivir en un espacioso loft en el centro de la ciudad.

“Que el perro hable cinco idiomas me lo puedo llegar a creer, pero lo del pisazo es demasiado, me saca completamente de la serie”, se queja un espectador que considera que la historia carece de credibilidad narrativa.

“¿Se supone que él es diseñador gráfico y no comparte piso ni vive en una buhardilla? Venga hombre, venga. ¡Esforzaos más, guionistas!”, se podía leer en Twitter durante la emisión de uno de los episodios. Tal y como está el mercado de la vivienda, el hecho de que haya un capítulo en el que el perro asegure, sin venir a cuento, ser el asesino de Kennedy, es costumbrismo al lado del hecho de que el joven Javier pueda vivir solo.

Al cierre de la edición, los creadores de la serie han adelantado que, en el próximo episodio, se explicará que el perro Munchi es en realidad el príncipe heredero de un viejo país europeo, lo que justificará de forma convincente el origen del dinero del alquiler.