Sí, ya sabemos que la copa menstrual se puede reutilizar, es más ecológica y más económica. ¿Pero es también saludable para tu vagina? Algunos expertos, como el ginecólogo británico John Frizzante, consideran que “premiar” a la vagina cada mes con una copa menstrual puede generar en ella “una ambición desmesurada y adicción al triunfo”.

¿Cómo podemos saber si la copa está haciendo que nuestra vagina “se venga arriba”? Si eres usuaria de la copa, puede que hayas notado que la regla te baja cada vez antes: tu vagina está sedienta de sangre y de victoria. Se cree, de hecho, que las vaginas sin copa menstrual son capaces de “oler” a las que llevan una. Cuando esto ocurre, el organismo fuerza la sincronización del periodo y la vagina celosa reclama también su trofeo. Esto puede acarrear irritación en la zona, pues la vagina somatiza su frustración rápidamente.

Aparte de la irritación, advierte Frizzante, algunas vaginas pueden desarrollar dientes. Asegura este ginecólogo que, igual que el tenista Rafa Nadal muerde sus trofeos al vencer un torneo, la vagina siente también esta necesidad. Por ello conviene que revises tu copa menstrual con detenimiento en busca de pequeñas marcas e incisiones: son el síntoma de que tu vagina está empezando a desarrollar dientes, un efecto colateral que puede dificultar tus relaciones sexuales, además de aumentar considerablemente la factura del dentista.

¿Cómo combatir la competitividad vaginal que produce el uso regular de la copa? Los especialistas no han desarrollado aún remedios definitivos, pero basta un poco de sentido común. Hay que transmitir a la vagina que la menstruación es un trabajo en equipo, y que la copa no es suya sino de todos los participantes en el proceso de eliminación del óvulo. Las vaginas que saben trabajar en equipo desarrollan hábitos más sanos y sufren menos estrés. Y, por supuesto, cualquier síntoma de irritación vaginal que nos lleve a sospechar que la competitividad se nos va de las manos debe llevarnos a interrumpir inmediatamente el uso de la copa. Puede que la vagina proteste, pero habrá que callarla con un tampón hasta que se calme. Es duro, puede incluso que nos parezca una práctica cruel, pero es peor dejar que la vagina se nos suba a la chepa.