Alfonso García, de nueve años de edad, gritó ayer asustado al ver que su madre se retorcía de placer en el sofá mientras él intentaba cambiar de canal con el mando de un juguete sexual creyendo que era el del televisor, según confirmaban hoy fuentes cercanas a esta familia de Palencia.

Según las mismas fuentes, poco después, la mujer, encendiéndose un cigarro tras diez orgasmos consecutivos, sacó al niño del error pero no se atrevió a aclararle qué estaba accionando exactamente el otro dispositivo. “Creo que mi madre es un robot, un androide o algo”, comentaba el niño por Whatsapp a sus colegas del colegio. “Os lo juro, le he dado a un botón y se ha corrido”, añadía, insistiendo en que “era mi madre de verdad, no esa muñeca que esconde mi padre en el armario”.

El padre de la criatura, que presenció con impotencia la escena, castigó a su hijo sin especificar los motivos. “Pero papá, qué he hecho”, protestaba con insistencia el niño, según admite el propio padre a la prensa. “Has desbloqueado un logro, como cuando juegas a la consola”, le habría aclarado la madre, comprensiva, pidiéndole que no hiciera caso al enfado del padre.

Tras filtrarse el incidente a los medios, las autoridades han recordado la necesidad de proteger a la infancia del mundo adulto. Un requerimiento que ya está siguiendo la industria del cine, prohibiendo incluso a los actores menores de edad que vean el tráiler de las películas para adultos en las que participan. “Creo que me dedico al porno duro porque no me dejan ver nada de lo que ruedo”, sugería esta semana uno de los actores de “Chicos buenos”, la nueva película de Seth Rogen, que se estrena en cines este viernes 23 de agosto.