“¿Cómo puede haber personas que en pleno 2019 sigan consumiendo alimentos de origen animal?”, se pregunta Miguel Bóveda, un vegano de 29 años de edad que consumía alimentos de origen animal hace tres meses. “¿Acaso no se dan cuenta del daño que están provocando con su comportamiento?”, cuestiona desde la incomprensión que le produce el hecho de que haya personas que mantengan los hábitos que él tenía hasta el mes de abril de este mismo año.

Miguel no duda en criticar duramente a la gente que sigue haciendo lo que él hacía hasta que vio un documental del año 2015 en una plataforma digital. “La gente no evoluciona”, lamenta con resignación. “Hay que tener muy poco corazón para comer animales o sus derivados”, indica apenas unas semanas después de digerir su último chuletón de ternera. “Los animales no están aquí para servirnos, a ver si se va enterando la gente, que ya es hora”, expresa con indignación.

Bóveda achaca la falta de concienciación a que vivimos en una sociedad cada vez más individualista. “Hay demasiado ego, todo es yo, yo y yo, hace falta más empatía en el mundo”, reflexiona. “Yo sin mis perros y mis gatos no podría vivir”, dice en referencia a los perros y a los gatos que ha adoptado en la última semana.

La concienciación de este joven con el planeta es tal que ya ha decidido que, en cuanto vuelva de sus vacaciones en Riviera Maya, dejará de volar para siempre. “Se acabó, yo no me pienso volver a subir a esas máquinas de destrucción medioambiental”, asegura dos días antes de coger un avión transoceánico. “Más les vale tener menú vegano en cabina porque si no la voy a liar”, avisa.

A este vegano le parece vergonzoso que haya personas que antepongan su comodidad al medio ambiente y ya ha expresado que, a partir de ahora, tendrá tolerancia cero con cualquiera que siga contaminando el planeta como ha estado haciendo él hasta hace tres meses. “No se puede vivir en la ignorancia para siempre”, sentencia.

No es la primera vez que Miguel Bóveda protagoniza un cambio semejante: en 2016 ya sorprendió a todos cuando pasó de ser el típico hombre que trata a las mujeres como objetos para convertirse en un ferviente aliado feminista de la noche a la mañana.