Georgina Piamonte y John Lambert, naturales de San Francisco, optaron por mantener un encuentro sexual en la ducha de su residencia ayer por la tarde, inspirados por las escenas eróticas vistas en el cine, y acabaron gritando para pedir ayuda a los vecinos mientras intentaban no resbalar en la bañera al esquivar un chorro de agua hirviendo con los ojos irritados por el jabón. “Los pelos del desagüe llenaron el suelo de agua y al abrazarnos casi nos caemos los dos y nos matamos”, relatan.

Lo que pensaban que iba a convertirse en una excitante sesión de sexo bajo el agua terminó por poner a prueba a la pareja. “Él fue el primero en resbalar e instintivamente se agarró a mi pelo, haciéndome perder el equilibrio. Quedó claro que su impulso inicial era sobrevivir aunque fuera pasando por encima de mi cadáver, literalmente”, confiesa Piamonte, que se reconoce incapaz de perdonar a su compañero. “De la excitación pasamos enseguida a la lucha por la supervivencia, usando el cuerpo del otro de agarradera e intentando salvar el culo pasara lo que pasara”, agrega la joven.

Los gritos de la pareja llevaron a los vecinos a llamar a las autoridades y finalmente, pasadas dos horas y media, los bomberos rescataron a los afectados, que salieron arrastrándose y a cuatro patas de la ducha. Ambos habían escrito la palabra “help” en la mampara aprovechando el vapor. Aún temblorosos y con toallas cubriendo su cuerpo, fueron atendidos por los psicólogos, que consideran que los dos tardarán un tiempo en superar el trauma. Dudan que la relación pueda sobrevivir. “Han perdido la confianza el uno en el otro. Uno piensa que su pareja va a estar allí siempre como red de apoyo pero, si ambos pierden el equilibrio y resbalan en la ducha, todo se va al garete y reconstruir luego los lazos de confianza es muy complicado”, explican.

Piamonte acusa a Lambert de haber movido el grifo con el culo, haciendo que el agua empezara a salir a muy alta temperatura. Según ella, eso fue lo que inició la tragedia. Él, en cambio, asegura que fue su pareja la que tomó la decisión de usar jabón a modo de lubricante, lo cual hizo que los ojos le escocieran, causando la pérdida del equilibrio. “Fue cuando perdí estabilidad que empujé el mando de la ducha, la culpa la tuvo ella por jugar con el jabón”, insiste. Ella replica que la ducha dejó de tragar agua después de que él se agarrara a su melena, arrancándole varios pelos que obstruyeron el desagüe. “Se puso histérico. Si hubiera mantenido la calma, la situación no se habría descontrolado”, promete.

“El amor se fue por el desagüe. Por suerte, nuestras vidas no”, sentencian ambos con tristeza.