Después de la polémica de Amazon, Apple y Google, que reconocen que escuchan conversaciones privadas, esta semana se ha confirmado que Marisa del Segundo B viene realizando estas mismas prácticas desde hace años. La mujer, que lleva por bandera el derecho a la privacidad de sus vecinos, ha reconocido que si escucha es para optimizar el desarrollo de la comunidad y también para mejorar el rendimiento de las asambleas ordinarias del edificio.

Marisa utiliza una sofisticada red de mirillas y patios interiores con los que consigue acceso a las conversaciones ajenas, que después memoriza para siempre. “Crees que tienes privacidad en tu casa pero después descubres que todo lo que dices queda registrado en el cerebro de Marisa”, lamenta Cristina, del Tercero B. Se sospecha que la mujer lleva unos quince años llevando a cabo las escuchas, por lo que su base de datos podría superar a las principales empresas digitales de Cupertino.

Según ha podido saber la prensa, Marisa del Segundo B ha estudiado inglés, francés y alemán para poder escuchar también las conversaciones de los clientes del piso de alquiler turístico que se ha instalado en la primera planta. La mujer se defiende de las acusaciones de violar la intimidad asegurando que los audios que escucha los almacena en su memoria pero no los relaciona con un vecino concreto.

Aunque Marisa siempre ha negado tajantemente que venda los datos de sus vecinos, se cree que el millonario patrimonio que atesora tiene su origen precisamente en el intercambio de información. “Hay días que hablo de comprarme un secador de pelo y a las dos horas aparece un anuncio del Kyoto en la puerta del ascensor”, denuncia una vecina del Cuarto A.