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Extraterrestres de Júpiter aseguran que la llegada de los Mördglukers a la Tierra fue un montaje grabado en un slormork

DEFIENDEN QUE LAS MARCAS DE LAS BASILDAS DEL EXPLORADOR EN EL SUELO TERRESTRE SE AÑADIERON POSTERIORMENTE

Polémica en Júpiter. Las teorías de la conspiración que defienden que la llegada de los Mördglukers al planeta Tierra en el tercer ciclo de la segunda dinastía Mordglar fue un montaje grabado en un slormork han pasado de la marginalidad a las portadas de los periódicos. El motivo ha sido la reciente difusión de unas imágenes que, supuestamente, demuestran que las marcas de las basildas dejadas por el explorador Rajck Hüllagr en el suelo terrestre se añadieron posteriormente. El gran Mordrassa y sus sigüeldos tildan el documento de «patraña», pero las sospechas se han consolidado entre la opinión pública.

«Las reservas de helio necesarias para permanecer en la Tierra el tiempo que se supone que estuvo Hüllagr requerirían de un sablapo de más de doscientos lilimardes de capacidad, algo imposible de trasladar incluso a bordo de la Grübleida Crin, cuyo peso no supera los sesenta lilimardes, incluyendo los Frablos acoplados», defiende el locótropo acreditado Sylshan Grünb, reflotando una de las tesis más repetidas desde los círculos escépticos. De nada han servido los desmentidos oficiales, que insisten en que «el helio se generó artificialmente al llegar al destino, como se ha acreditado una y mil veces».

Los conspiranoicos insisten además en que es «difícil de creer, por no decir imposible» que los terrícolas no advirtieran la llegada del equipo de exploradores, desestimando la versión del dígramo, que sostiene que «la vida terrestre no percibe movimientos de frecuencia arrámida, lo que permitiría, hipotéticamente, recorrer todo su planeta sin ser percibidos».

El líder Mumbrash ha exigido la comparecencia urgente de Mordrassa en el concilio Grildas de morrash para tranquilizar a la población, que llevada por la desconfianza empieza a dar crédito incluso a los jupiplanistas, que defienden que el planeta Júpiter es una superficie plana rodeada de anillos, unos anillos que según la versión oficial «no son más que polvo».