Cada vez más hombres españoles se niegan a donar semen amparándose en la creencia de que, una vez entregada la muestra, los trabajadores de los bancos de esperma lo juntan todo en el mismo tanque gigante. Este es el caso de Enrique Maroto, que a sus 32 años todavía no ha donado semen ni una sola vez.

“A mí me encantaría ayudar a personas que no pueden tener hijos, ¿pero de qué sirve donar semen si luego el mío lo mezclan con el de los demás y ya no se sabe de quién es?”, reflexiona. Muchos hombres aseguran haber visto a trabajadores del banco de semen metiendo las donaciones en el mismo frasco nada más recibirlas. “Te haces pruebas, eyaculas en un vaso personalizado, te tomas mil molestias, y luego resulta que tu semen acaba con el de los otros donantes”, denuncia.

“Si yo entrego a mis hombres es para que completen su misión, no para que acaben peleando con los hombres de otros hombres”, explica Maroto. “Mientras no cambien su manera de tratar el semen, lo seguiré tirando a la papelera del trabajo y a tomar por culo”, insiste.

Debido a esta corriente de pensamiento, los bancos de semen se enfrentan a un serio problema de liquidez, aunque de momento su gran inconveniente sigue siendo el de los donantes anónimos que les tiran el semen contra el cristal de la puerta de entrada.