Arañazos, gritos y estampida de fans en el concierto de Rosalía celebrado en el festival Primavera Sound de Barcelona el pasado sábado. Más de 63.000 personas, especialmente las que se encontraban más cerca del escenario, pudieron sentir en su propia piel la garra de la artista barcelonesa, cuyas uñas rasgaron aire y piel durante unas enérgicas y poderosas coreografías. “Me ha destrozado la cara pero para mí es como un autógrafo. Deja marca, nunca la olvidaré”, comentaba a la salida del espectáculo una joven con el rostro empapado en sangre.

La organización del festival ya advirtió con antelación de que la exagerada longitud de las uñas de Rosalía podía sorprender a los asistentes, pero el resultado final fue más que sorprendente. “Casi me saca un ojo, no se puede decir que pensara en mi mirá la hijaputa”, publicaba en Twitter otro seguidor de la cantante, que se lo tomaba con humor. “Mejor que te saque un ojo esta diosa que un puto antidisturbios”, añadía.

El momento más crítico del concierto tuvo lugar durante la interpretación de “Bagdad”, cuando Rosalía agarró con una uña a uno de los espectadores, lo levantó seis metros y lo arrojó fuera del recinto. Afortunadamente, cayó “bastante cerca de la tienda de primeros auxilios”. Posteriormente la cantante, que se disculpó, reconocía que ni se había dado cuenta, presa como estaba de la emoción.

“Yo soy yo y mis uñas son mis uñas. Ellas se acercan así a mis oídos y me susurran cosas, me hablan. Pero ellas tienen su propio plan, yo no puedo decirte si te van a rajar el cuello o no. A veces luchan entre ellas, y se me retuercen las manos así, de un lado para otro. No sé. Yo no me meto con las uñas de nadie, que dejen a las mías en paz o será peor. Te digo yo que será peor”, explicaba Rosalía a los medios en un discurso desconcertante y enigmático. “Para ellas la cara es un lienzo y con la piel que arrancan crecen, se hacen fuertes, se nutren de la gente y mi música se engrandece también, yo no lo puedo parar, por mi puta vida te juro que no lo puedo parar”, añadía con la uña de un dedo índice metida en la oreja, escuchando “lo que ellas me dicen, lo que me dictan, porque yo solo soy un recipiente, un vaso comunicante”.

Adelantándose a las críticas, Rosalía ya ha alertado de que “cortarlas sería peor. Si os parecen fuertes ahora, cortándolas serían sables dorados, llamas punzantes agitándose sin control al ritmo de las palmas”.