Cansado de acumular excrementos de palomas en el capó, restos de tierra en la carrocería y polvo en los cristales, Federico Urquijo, natural de Segovia, le ha dado la vuelta a su coche esta mañana para no tener que lavarlo. “Ha esperado a que no hubiera nadie en el garaje y se ha puesto a ello durante la noche”, explica el dueño del parking, que tiene acceso a las cámaras de seguridad.

Urquijo se compró el coche hace 21 años y, según él mismo reconoce, al principio lo lavaba todos los días. “Aunque solo condujera un par de kilómetros le pasaba la bayeta”, confirman sus familiares. Con el paso del tiempo, fue descuidando la higiene del coche hasta el punto de no lavarlo nunca. “Con los calzoncillos lo mismo: recién casado ponía él las lavadoras. Luego lo fue descuidando, sobre todo cuando descubrió el truco de dar la vuelta a la ropa interior”, explica su esposa.

Como ya había más insultos en los cristales de su coche “que en la sección de comentarios de un periódico digital”, en palabras de su entorno, Urquijo ha querido cortar por lo sano y ha dedicado varias horas a darle la vuelta al auto. “Al principio costó porque estaba muy duro, pero una vez he sacado los asientos y el volante el resto ha ido rodado”, relata. Ahora, el automóvil tiene un color completamente diferente pero parece nuevo; además, el “Lávalo, guarro” ha quedado por dentro y ya no se ve.

Federico Urquijo calcula que podrá utilizar el coche otros veinte años hasta tener que darle la vuelta otra vez. “Con suerte, la suciedad se seca y, cuando le vuelva a dar la vuelta, lo tendré exactamente igual de limpio que cuando lo compré”, asegura. “Como pasa con los calzoncillos”, añade.