Se acabó la tolerancia con los inquilinos de los vientres de alquiler. La presión de las empresas arrendadoras de úteros ha obligado a cambiar la legislación y, a partir del mes que viene, los fetos que hayan propinado patadas durante su gestación y dejen el vientre en un estado deteriorado o peor de como lo encontraron, perderán la fianza.

“No existía regulación y muchos rompían aguas y lo dejaban todo allí, sin recoger”, explica Yurema Rochas, portavoz de Uteroo, la empresa rusa que permite alquilar úteros mediante una sencilla aplicación para dispositivos móviles. El siguiente paso es lograr que se autoricen ecografías sorpresa, aunque los arrendatarios y futuros padres no quieren que puedan provocarse situaciones de estrés en los fetos.

Rochas denuncia que los desperfectos en el vientre no son el único problema con el que hay que lidiar habitualmente. “Como no pueden pagar un útero para ellos solos, muchas veces descubrimos dos o incluso tres fetos compartiendo un espacio diseñado para uno”, explica. La indefensión de la empresa en estos casos es total: Uteroo solo logró desalojar a unos trillizos un mes antes del parto natural. “Hubo que empujar porque se resistían, no es fácil tratar con ellos en persona, por mucho que en una ecografía parezcan adorables”, dice.

No todas las quejas provienen de los arrendadores. Los padres de los futuros bebés critican que muchas compañías obligan al feto a pagar parte de los nutrientes que obtiene de la madre de alquiler, cuando se trata de una condición “imprescindible para la prestación del servicio” y que debería, según ellos, correr a cargo del que alquila el vientre en cuestión.

En cuanto a las propietarias del vientre arrendado, de momento no han trascendido quejas porque hablan otro idioma y necesitan el dinero.