“Hostia, hostia, hostia, por favor, que alguien fabrique uno que esto está embalao”, alertaban esta mañana desde Ginebra los investigadores del Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), que recientemente aumentaron siete veces la frecuencia de las colisiones entre protones en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y ahora se ven incapaces de frenar las partículas una vez aceleradas.

El nuevo “LHC de Alta Luminosidad” ha estrenado esta semana sus 24 imanes superconductores cuadrupolo, que han resultado ser “un pepino”, en palabras de los expertos. “Nos hemos venido arriba y esto se está calentando de la hostia, como se salga una partícula del tubo y empiece a rebotar por las paredes nos destroza el tinglado y nos saca un ojo, te lo digo”, advertía esta mañana el doctor Jeremy Robinson, uno de los especialistas que en su día recomendó “meterle frenos a esto por lo que pueda pasar”.

“Yo ahí no me meto, se oyen unas hostias que el que meta la mano sale escaldado”, reconocía otro de los físicos del centro, que le dio “al botón de acelerar” y, al ver que las partículas empezaban a chocar entre ellas “a saco, o sea, pim-pam súper folladas”, salió de ahí “por patas y con el culo apretao”.

Aunque los protocolos de seguridad recomiendan “bajar el diferencial si no saltan los plomos o desenchufar el trasto de la regleta”, los expertos consideran que “la velocidad que esto ha pillado es tan loca que da igual que lo apagues, esto está rebotando de la hostia en plena pendiente y va a acabar como el Big Bang no, lo siguiente”.

Por este motivo, el CERN ha solicitado una inyección urgente de fondos para construir un Frenador de Hadrones “si es que nadie tiene uno ya que podamos tomar prestado”. El sentimiento unánime de la comunidad científica es, pese a todo, que “la hemos liado y lo único que podemos hacer es salir pitando de aquí antes de acabar fritos a partículas hasta en el ojo del culo”.