“Busco a alguien a quien le gusten los retos, hacer ejercicio y que tenga furgoneta”. Frases como esta han proliferado en los últimos meses en la aplicación de citas Tinder. “La gente ha dejado de buscar el amor porque la subida del alquiler ha convertido la mudanza en un tema prioritario: sin nido de amor no hay amor, así que lo primero es lo primero”, explican desde el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Los responsables de Tinder admiten que se trata de un uso no previsto del servicio, pero argumentan que “el amor puede surgir en cualquier momento, también subiendo un sofá de seis plazas por una escalera”. El problema lo tienen los que confiaban en haber encontrado a su media naranja y, tras la mudanza, descubren que solo los querían para trasladar muebles pesados. “Me siento utilizado, te dicen cosas bonitas y luego, cuando se han mudado, ni te llaman ni te escriben”, lamenta un joven despechado. “Me han roto el corazón. Pero literalmente: el esfuerzo me provocó un infarto”, añade.

Otros no creen que las mudanzas sean el peor de los inconvenientes: “Prefiero eso a que me utilicen para tener un hijo. La mudanza te lleva un día o dos, el hijo es una carga que arrastras toda tu vida”, confiesa un joven de Burgos.

La misma tendencia se ha impuesto también fuera de Tinder. En el último programa de First Dates había más de seis camiones aparcados fuera del restaurante, según confirman fuentes de la productora.