Innumerables vasos rotos, constantes tropezones, multitud de pisotones al saludar y un sinfín de choques con desconocidos en la calle. Así era el día a día de Marisa Ramiro, una joven de 32 años, hasta que una lesión en su brazo derecho hizo que se diera cuenta de que es zurda y no torpe.

“Noté que con la mano izquierda no se me caían las cosas, que me desenvolvía mucho mejor que con la mano derecha”, explica, todavía impresionada. “Cuando me quemé el brazo derecho sirviendo café, jamás imaginé que usar el brazo izquierdo sería tan sencillo, que la vida era mucho más fácil de lo que siempre he pensado”, añade. Los familiares y amigos de Marisa están completamente asombrados por el cambio que ha experimentado y aseguran que ahora es una mujer totalmente diferente.

“Ahora es capaz de abrir puertas sin chocar con ellas, incluso puede incorporarse sin golpearse en la cabeza con las esquinas de los muebles”, declaran sus compañeras de piso. “Antes Marisa empleaba el 50% de sus palabras en disculparse por pisarte, chocarse o tirarte café encima; ahora tiene tiempo para hablar de otros temas, y estamos descubriendo muchas cosas nuevas sobre ella”, se sincera su madre. “Tiene una personalidad completamente nueva”, agrega. “Incluso es divertida”, sentencia.

En los últimos días, Marisa también se ha dado cuenta de que los problemas que siempre tuvo a la hora de vocalizar se debían a que no es española. “Mis padres son franceses y yo me llamo Amélie, no Marisa, y no tengo por qué saber español. Mi francés es perfecto, ese es mi idioma”, explica. “Me dí cuenta al ir a renovar el pasaporte francés”, reconoce.