Han sido siglos manteniendo la farsa, pero finalmente los gallegos se han derrumbado y han reconocido que la morriña no existe. “Nuestros antepasados se la inventaron para poder estar tristes, y bueno, nosotros no dijimos nada por no romper la tradición, ¿entiendes?”, declara Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia.

“Lo que no gustaba a los emigrantes gallegos era el hecho de experimentar sensaciones agradables, tales como la alegría o la felicidad, así que se inventaron la morriña para poder estar tristes”, explica el antropólogo Ignacio Ramiro. “Abandonaban Galicia para poder comer, no para estar contentos”, añade. “A un gallego le quitas la pena y lo matas. En realidad, la morriña fue un mecanismo de defensa con el que mantenerse con vida”, insiste.

Ahora, el resto de españoles ha descubierto que los gallegos jamás han echado de menos Galicia y se sienten engañados. “Yo hablaba bien de allí para no hacerles daño, pero en realidad Galicia siempre me pareció una mierda”, se confiesa un habitante de Madrid. “Me extrañaba que echaran de menos un sitio en el que llueve tanto”, declara un anciano extremeño. “Como aquello está lleno de fachas, pensaba que lo que echaban en falta era eso”, explica una mujer de Barcelona.

Se cree que, después de esta confesión de los gallegos, la farsa de la “saudade” de los portugueses será la siguiente en caer. “Echar de menos Galicia todavía era algo creíble, pero echar de menos Portugal es insostenible, no hay quien se lo crea”, afirman desde el Ministerio de Exteriores.