“Estamos desbordados. A la gente le das la mano y te cogen todo el brazo”. Con estas palabras declaraba Houston su hartazgo después de años soportando llamadas de personas contando sus problemas. “Todos tenemos dificultades pero esto no es el teléfono de la esperanza”, insisten desde la ciudad estadounidense. “Siempre hemos estado ahí cuando nos han necesitado, pero llega un momento en que tu cuerpo dice basta”, argumentan.

Houston recibía una media de dos millones de llamadas diarias explicando todo tipo de problemas. “No podíamos seguir viviendo para los demás, teníamos que pensar en nosotros”, alegan. “En este tiempo, te das cuenta de lo egoísta que es la gente, ese es realmente el problema que tienen”, explican, recalcando que nadie nunca se interesó por los problemas de Houston.

“Por una vez, nos gustaría que alguien nos llamara y nos dijera: ‘Houston, ¿tienes tú algún problema? Qué menos, ¿no?”, declaran con tristeza. “A veces un ‘Hola, Houston, ¿cómo estás? Mira, tenemos un problema’, habría sido suficiente”, agregan. “O un ‘Hola Houston, ¿puedes hablar? Es que tengo un problema’. Pero qué va, la gente es muy poco empática”, protestan.

La drástica decisión de dejar de escuchar problemas se tomó cuando la semana pasada, en un momento de crisis, Houston se llamó a sí misma para poder desahogarse y no pudo hablar porque comunicaba. “Al fin hemos entendido que primero vamos nosotros y después los demás”, se sincera Houston. “Vas aguantando hasta que estallas, y eso es lo que ha acabado pasando”, reconoce.