La jornada electoral de ayer estuvo plagada de incertidumbre. Cualquiera podía ser el resultado. Por eso, cuando bien entrada la noche, Pedro Sánchez volvió a La Moncloa, su Falcon lo recibió agitando la cola, dando saltos de alegría y lamiéndole la cara. “El avión se abalanzó sobre él y lo llegó a tirar al suelo”, relatan los responsables de la seguridad del presidente.

Durante el transcurso del día, según fuentes oficiales, el Falcon estuvo dando vueltas en círculos alrededor del hangar. “Ya estoy aquí, ‘Manchitas’, ya estoy aquí, pequeño”, le susurraba Pedro Sánchez a su llegada mientras ambos se revolcaban por el suelo. Los nervios del avión por quedarse sin su compañero de los últimos meses le hicieron perder varios litros de aceite. “Estaba tan nervioso que no repostó queroseno en todo el día”, explican desde La Moncloa.

Los testigos que se encontraban con Sánchez en el momento del reencuentro afirman que el Falcon llegó a orinar combustible de la emoción, y al descargar toda la presión acumulada saltaron las mascarillas. “Ya olió a Pedro antes de que abriésemos la puerta del hangar y no dejaba de dar golpes con el morro, pero en cuanto lo vio empezó a dar vueltas como un loco”, recuerda Begoña Gómez, esposa del presidente. “Salió a volar a toda velocidad para liberar adrenalina. Es increíble el vínculo tan fuerte que se ha creado entre ellos”, reflexiona Gómez.

“Te dije que ganaría, que nadie podría separarnos”, musitaba el presidente ya a lomos de su Falcon mientras recorrían juntos el espacio aéreo madrileño. Pedro Sánchez es el único hombre capaz de volar sobre el fuselaje del avión sin caerse. “El presidente abre las piernas, se sienta en medio de las dos alas y ‘Manchitas’ hace el resto”, reconocen los asesores del mandatario.