Sentado en el banco en el que duerme, bebiendo de un viejo cartón de vino, con su larga barba y su ropa deshilachada, un loco que gritaba improperios sin sentido ha congregado a cientos de personas a su alrededor. Su público está convencido de que se trata de un mitin de Vox y lleva horas aplaudiendo sus palabras y asintiendo con admiración ante sus delirantes propuestas.

“Me gusta porque es políticamente incorrecto, como Abascal”, se sincera uno de los asistentes en referencia a los insultos que ha vertido el loco hacia una cosa o ser que solo él puede ver. “No es el típico político con ego desmesurado, de hecho nos ha estado gritando de forma violenta para que nos alejásemos de él”, expresa un nuevo votante de Vox. “Los políticos de antes hablaban mucho pero luego no hacían nada, España necesita líderes que no tengan reparos en lanzar sus propios excrementos contra la gente”, añade con admiración.

Las cientos de personas que rodean al loco consideran que, claramente, ha ganado el debate a dos con satanás que ha mantenido durante una hora. “Ha habido zascas que se han oído hasta en el infierno”, dice un entregado joven. “Cuando ha empezado a chocar su cabeza contra el tronco de un árbol he entendido que estaba ante el líder que este país necesita”, agrega una emocionada anciana.

Al cierre de la edición, la prensa ha podido saber que, al otro lado del mismo parque, cientos de personas han rodeado a una vieja que daba de comer a las palomas al pensar que se trataba de un mitin de PACMA.